Vermúdez

C/ Sueca 16
963034774

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Vermúdez. He de reconocer que estaba reticente, creo que cuando abrieron me pasé un par de veces por la puerta y parecía que el sitio se iba de precio, era uno de esos locales de la Ruzafa más high y prohibitiva. Pero vaya, últimamente me lo habían recomendado un par de personas de confianza, y mirándolo bien, parecía agradable. El sitio está indudablemente plagado de modernor. Cuando entramos, estaban casi todas las mesas llenas y era entre semana. Decoración con madera y azulejo, tuberías por el techo, mucha niña mona pero ninguna sola, luces de colores y toda la pesca.
Nos echamos un vermutito en la barra (que te ponen con unos encurtidos), mientras hacíamos tiempo. Sonaban los Gipsy Kings a toda hostia de fondo, y el ambiente era muy guay. Por cierto, ¿os habéis fijado en que a los Gipsy kings no se les entiende? Cantan en castellano, pero inventándose la mitad, dicen cosas como “lavibey” o “toladejour”.

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Bueno, la carta es relativamente clásica, tiene un poco todo lo que tienes que tener para molar ahora mismo, buñuelos de bacalao, ensaladilla rusa (para demostrar que pilotas lo tradicional) y algún toquecito tipo tartar o tataki (para que se note que estás al día).
Pedimos el pulpo a las 5 pimientas, las costillas ibéricas, el tartar de atún rojo, unas croquetas, y el canelón de rabo de toro.
Mientras empezábamos con las cerves, llegó el pulpo. No era lo que me esperaba, lo sirven en frío, con el aceite y las pimientas en plan macerado. El tema es que a mí, en frío, me supo un poco demasiado a coño, con pimienta pero a coño. Se le notaba un sabor demasiado fuerte, me dejó un poco meh, pero quietos ahí, ese fue el peor plato, ahora remontan.
Llegaron las croquetas de jamón. Muy ricas, rebozado perfecto, y sabor a jamoncete intenso. De todas formas nada comparable a las costillas, en la carta pone “costillas ibéricas asadas 24 horas” y yo pensé que aunque fuera por el gasto en luz valía la pena probarlas. Pues nano, supertiernas. Con una salsita que recordaba a la barbacoa, con un puntito de miel, densa y sucable. Esas costillas se merecen un Golden Okey de aquellos que se comentan por generaciones y son el plato que debéis probar cuando vayáis.

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Seguimos con el canelón de rabo de buey, que no de toro, aunque imagino que para un profano como yo no debe haber demasiada diferencia. Carne desmechada abundante por dentro, relleno generoso, y una salsa trufada con perfumito a trufa intenso, muy okey también. Rematamos con el tartar de atún rojo, muy bien montadito. A mí la verdad es que me supo bastante a wasabi, porque le ponen un gurruñito al lado para que te eches y yo le meto bastante. De todas formas, creí distinguir en el aliño un puntito a sésamo tostado, que le iba muy bien.
No pedimos postre porque, bueno, coulant, cheesecake, era un poco lo clásico y no nos motivó nada en particular.
De todas formas reconozco que cocinan muy guay, y me quedé con ganas de probar más cositas. Pienso volver.

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46 pavetes entre tres, a poco más de 15€, aunque tampoco pedimos muy a lo salvaje, creo que es fácil salir a menos de 20. Eso es un bastante okey, que igual cuando vuelva se convierte en un a topor de okey.
Goza de amplio aparcamiento.

¿Qué dices, nano?