Umami

Xics, no estoy muerto, estoy de veraneo. Dadme cobertura si publico menos.

Mira por donde, creo que descubrí un sitio interesante el otro día. Intenté ir hace unos meses pero no abrían por la noche, o alguna movida similar. El caso es que le podéis echar un ojo al Umami, en Juan Llorens. El sitio está en lo que antes era L´Alberginia, todo un clásico. Mesitas de madera, paredes de piedra, todo en su sitio. Al entrar la camarera nos dice lo que hay fuera de carta y lo que les falta, pero nosotros preferimos pegar un sobrevuele a lo que tienen. Platos fríos y calientes, cocas de dacsa y pan de cristal.

Pedimos la ensalada con perdiz escabechada, unas coquitas, un timbal de huevo con salsa de chistorra y unas verduritas con pesto de anacardos.
Hay que contarlo todo, no arrancamos muy guay. En la ensalada de perdiz había poca perdiz, era un poco dónde está Wally pero con perdiz. Wally había pisado una mina y estaba desperdigado en diminutos átomos por toda la ensalada, y era complicadito de encontrar. Por encima llevaba cebolla de esta crujiente, y una vinagreta de orejones y lima, que le daba un puntito dulce y cítrico. La lechuga no parecía de bolsa. Correcto. Vamos a por más.
Las cocas de dacsa son muy recomendables, nanos. Por si alguien no sabe de qué va, imaginaos un taco porque viene a ser eso. Yo me las he encontrado más sequitas, pero estas eran más rollo…más rollo tortita, un poco más gruesas y jugosonas. Pedimos de dos tipos, unas de pollo trufado y otras de bonito. Las de bonito se llamaban “Marina alta” y llevaban huevo duro, anchoa, el bonito, mayonesa y tomate. Pues muy okey, son como un bocadillo con mucha mezcla. Realmente esta combinación siempre es ganadora, le cabría a lo mejor pimiento rojo, o unas aceitunas, pero así ya estaba de puta madre. Luego la de pollo trufado con shitake y maíz, que también es winner. El trufismo viene en una salsa cremosa que va por encima.
El tema de la noche para mí fue el timbal. No existe manera de comerse ese plato sin odiarse a uno mismo por gordo, pero van a ser tres minutos de goce, eso os lo garantizo. Patatas fritas (caseras) sobre una salsita de chistorra roja como el infierno, con un huevete por encima. Nada puede fallar, excepto tu asistencia al gimnasio esa semana. Curiosamente, no es un plato grasiento, lo que nos lleva a la posibilidad de un golden okey. Se rompe, se mezcla, se come, se suca y luego se tantea la posibilidad de pedir otro. Sigamos adelante.
Terminamos el primer round con unas verduritas al dente con pesto de anacardo. Muy okey, saben mediterráneo, saben a Penélope Cruz preguntando una dirección con acento en Los Angeles. Llevan zanahoria, brócoli, nabo, patata y pimiento. Funcionan muy bien con el pesto, y podían perfectamente ser un contorno de los que prepara Jamie Oliver.
Terminamos la ronda, e imagínate que para controlar la oleada de autodesprecio de los huevos con chistorra, decides no pedir postre. Erroooor. Donut con helado de dulce de leche, maldita sea, y un brownie con helado de chocolate.
El donut es una volada de cabeza. Así, volada, bum. Tiene un toque alimonado, y la textura recuerda a la de una torrijita sexy, Mas crujiente por fuera y meloso por dentro. El helado embafa mucho menos que el dulce de leche líquido, y el contraste frío/caliente siempre mola. Dejad un hueco.
Como había varios fans de los postres en la mesa, pedimos también el brownie, que según la carta viene con helado de chocolate jamaicano, y se presta al chiste fácil. El caso es que estaba también muy bien, incluso más amarguito que los brownies habituales, con más sabor a cacao, lo cual agradezco mucho, pero nano, es que era el donut.
Salimos a 76,80€ entre 4,a  unos 19. Una vez pagada la cuenta, la camarera salió con un platito alargado con pera, fruta de la pasión, plátano y cardamomo ahumado en espumitas, muy gracioso para pegar la última cucharada.
Por cierto, llevan todo el tema entre dos, Migue el cocinero y su chica en la sala.
¿Que conclusión sacamos? Pues mira, primero lo malo. Creo que la ensalada y las verduras (10 pavos) estaban un poco por encima del precio, y que la perdiz había tenido un mal día.
Pero también creo que las cocas estaban muy ricas, el timbal increíble y el donut, me cago en mi vida, apoteósico. Además van a cambiar la carta, son majos y es muy chungo llevar un sitio así entre dos. El precio entra con vino y todo, así que indiscutiblemente es un okey, un okey alto de los que mola para llevar a tu suegro.
Id, probad y me contáis.
Goza de amplio aparcamiento.

¿Qué dices, nano?