¿Tu restaurante es mediocre?

Xics, estoy descubriendo un patrón. Como el poli atormentado que se queda en la comisaría de noche y de repente mira los alfileres clavados en el mapa y descubre una forma, estoy descifrando el modus operandi de los restaurantes mediocres.

Tanto en decoración como en comida, existen puntos comunes que veo repetirse demasiado. Será por moda, tendencia, o llámalo energía, pero eso es así. Hace unos años  (tampoco tantos, igual seis o siete) no encontrabas hummus ni con Paco Lobatón, y ahora parece que salga del grifo. Decidme si no habéis visto proliferar estas cosas como si se reprodujeran por esporas. Si las tienes todas enhorabuena, tu restaurante es de lo más común.

Tartar de atún: En TODOS los putos sitios a los que he ido este año tienen tartar de atún con soja y aguacate, encaje o no encaje con el tipo de cocina, da igual, es indiferente. En menor medida tienen el de carne y el de salmón, pero el de atún rojo no lo perdonan. Me da la sensación de que vamos a terminar aborreciéndolo por saturación. Mi favorito de momento es el del Garatge.

Bravas: Aunque no sea un bar de tapas, se pueden encontrar en el 90% de las cartas mediterráneas. Es como la apuesta segura. Ya que estás tirando de fondo de armario, por lo menos métele algo con un poquito de gracia, en Doña Petrona le ponen una salsa especial con toque de melocotón.

Ensalada con puto rulo de queso de cabra: Y normalmente con vinagre de módena haciendo líneas cruzadas por encima. Suele ir con bacon y pasas o piñones. Mal. Típico. Muy visto. Y si le metes lechuga de bolsa, ya te vas a la mierda. Lo cual me lleva al siguiente punto

Lechuga de bolsa: El típico mezclum de bolsa de Mercadona, que luego usas para decorar otro plato poniendo un gurruñito al lado. La hoja esa morada y blanca canta la gallina desde la puerta. Se nota demasiado. Encima, la palabra “Mezclum” ha hecho un daño horrible porque le otorga como una importancia y una clase que no tiene. Ensalada de ventresca con mezclum de lechugas, y tu dices “oh”, y es atún con lechuga de bolsa. Mal.

Ensalada César: Tampoco la hacían en ninguna parte hace cuatro años y se ha expandido como la gangrena. La encuentras con picatostes, sin picatostes, con parmesano en lascas, con el pollo rebozado y sin rebozar, todo innovación. Me mola la del Caravan Bar, es original.

Hummus, guacamole, y demás movidas de Thermomix: ¿Quieres un plato fácil, barato, y que además le de un toquecito étnico a tu restaurante? Haz hummus. Y si estás muy loco, le metes remolacha y lo haces morado. Oh sorpresa, el hummus de remolacha ya no es original.

Brownie: Va ¿En serio, nano? Lo del coulant congelado de Makro ya es mal, pero lo del brownie me pone más tenso que cagar en el trabajo. En todas partes. En cada puto local de este hemisferio sirven brownie. Con la tarta de queso por lo menos juegan más, las he probado distintas, pero el brownie es como el mensaje de navidad del rey, misma mierda siempre. Nueces, helado de vainilla, a funcionar. Hace falta innovar en los postres en demasiados sitios.

Y bueno, lo del tema de la decoración y las cartas también me llama la atención

Modelo de carta 1: Fusilada de la tipografía de Mr. Wonderful

Modelo de carta 2: Comic Sans, con dos cojones.

Normalmente el modelo de carta 1 es habitual de locales con palets en las paredes, bombillas grandes colgando del techo y cientos de macetitas de esas de Ikea con plantas verdes de plástico. El modelo dos tira más para lo rústico, lo anticuqui.

Bueno, yo como consumidor, animo a que se innove un poquito. No quiero decir que si en tu local tienes alguno de estos platos no moles, pero más vale que los hagas de la hostia porque en la misma manzana hay tres que también los tienen. Y nanos, lo de los postres, de verdad, vamos a mirarlo.

¿Qué dices, nano?