Tría

Sitio muy curioso el de ayer. ¿Os acordáis del pub Black sheep que estaba en Porta de la mar? Un irlandés así como largo y con dos pisos. Bueno, por lo visto cerró, se reformó y ahora es un restaurante que se llama Tría. ¿Y qué tipo de restaurante es este? Pues nano…no sabría decirte.
Cuando lo ves desde la puerta es como muy amplio, y con mantel blanco y aceiteras en la mesa. Parece un restaurante casi como para celebrar banquetes de boda. Luego miras el menú y hay mejillones thai, rabo de toro y arroces, y ya te descuadra un poco los esquemas. Y luego, como dato que os aporto, todos los camareros son chinos.

Llegamos, pasamos al lado de una mesa de mujeres fans de Il Divo, y nos sientan al fondo del local. Nos dan la carta, y veo varios platos con alcachofa (ahí, ganando puntos) pero me llama la atención el tipo de cocina, que es como…inconexa. Osea, no es que la fusión esté mal, ni nada, pero…calamar a la andaluza seguido de bao de pato a la pekinesa…Pulpo a la brasa con trinxat de patata y …¿pak choi?. Bueno, me imagino que esta gente han querido tirar por el camino de en medio para gustarle a todo el mundo, como Bon Jovi, y yo vengo con hambre, así que allá vamos.

Pedimos calamarcitos con ajetes y suero de parmesano, huevo a 60º con guiso de setas y alcachofas, mejillones thai y mollejas con ajetes. La camarera, que es china, pero habla castellano mejor que Pérez Reverte, nos dice que calamarcitos no quedan, pero nos va a sacar sepietas en su tinta con alcachofas. El cambio mola y decimos que vale. Mientras tanto pedimos un vinate Celeste de 12 pavos para ir tirando.

El plato de sepietas no me entusiasmó, aunque en su defensa diré que las alcachofas no eran de bote y la salsa estaba buena. Es simplemente que no me mola la roña que les sale de dentro a esas pequeñas cabronas cuando las aprietas, pero hablo de las sepietas en general. En cuanto a lo demás…bueno, te dejan los dientes negros y me recordó al típico plato que te comes en la Ferradura, o algún sitio de estos viejunos de ir con padres. Pasaremos de largo.

Luego los mejillones thai, que llegan con una abundante salsita naranja. Los traen en un carro, y parecen muy frescos, mollosos. Tienen el toquecito picante y a leche de coco que se les presupone. Además la ración es grande, pero ¿sabéis qué me llamó de verdad la atención? Te cambian el plato después de cada ración, y no te sacan dos a la vez. Mientras nos acabábamos las sepietas, había dos camareros oteando la mesa como nerviosos, y en el momento que alguien se comió la última alcachofa (quien fuera, no vamos a entrar en detalles) nos retiraron los platos. Los cubiertos no los cambiaron, y claro, como no tenía plato donde apoyarlos y estaban llenos de tinta, dejé el mantel como un test de Rorschach. Entonces sacaron los mejillones. Pensé que lo del cambio sería por la tinta, pero no, con los mejillones pasó lo mismo. Camarero oteando el horizonte cuando quedaban dos mejillones…nervioso con gota de sudor cuando quedaba uno…y cuando vio que no nos lo comíamos porque estaba cerrado, nos cambia el plato por el huevo a 60º.

Pues es un huevo. Un huevo escalfadito, con setas y muchas menos alcachofas que el primer plato. También le ponen como una especie de sal de jamón por encima. El protocolo ya lo sabéis, rompe huevo, revuelve revuelve, mete tenedor y luego haz barquito. Las setas son de calidad, no son champiñones mierdosos, y se nota que en el plato hay cariño. No os puedo asegurar a cuantos grados exactos está hecho, pero está bueno.

Pero bueno, como tema a destacar, os diría que las mollejas molan. Después de todo el protocolo (oteo de mesa, cambio de plato, aparezco con plato nuevo) traen las mollejas en un plato con una jarrita en el centro. Además el plato estaba lleno de brotes verdes y la verdad es que daba alegría. La camarera vierte la jarra en el centro de un modo ceremonial, y el plato se llena de una cremita blanquecina, que yo creo que es de setas. Es un plato interesante para los no iniciados en casquería, porque la molleja está ahí como en tierra de nadie. Todo bien. 

De postre fuimos a por una sopa de chocolate blanco con helado de maracuyá y un bizcochito de nosequé. La ceremonia de la jarrita se repite,e sta vez con la sopa de chocolate blanco. Está bien, pero recuerda un poco a la leche condensada. Lleva un crumble de galleta por el fondo,  fresas frescas y hojitas de menta. No recuerdo de qué era el bizcocho, pero recuerdo que a la primera cucharada me vino una hostia de dulzor de la que tardé en recuperarme. Es de ese dulzor que te deja la lengua rasposa. Solo para fans de lo hard, es una como peli snuff de la glucosa.

Y ahora os cuento el final, ahora es cuando la matan. Ya sabéis que miramos muy mucho el tema de ajustar el precio para que entre en los parámetros del blog. Habíamos hecho nuestra cuenta mental para que la cena saliera a 58 y pico, porque éramos tres, pero entonces traen la cuenta y…60,30€. Fuck my life. 
En ese momento saco el boli rojo del no okey, mientras mi amiga Laura empieza a chequear la cuenta y encuentra el agujero negro. El huevete que en carta valía 6 pavos ha sido cobrado como 7,50. Breves momentos de duda acerca de si decírselo a la camarera o no. Yo creo que no, porque antaño ya cayó un restaurante por lo mismo (remember Sra. Cook), pero finalmente se lo decimos. La chica nos dice que ya sabía que en la carta estaba mal y que si quiere nos devuelven el euro. Yo veo muy de zorro lo de ya saberlo y callarse, pero vale, le decimos que no. El caso es que al rato la mujer hace la recogidita de cable, el moonwalk, nos trae el euro y medio, y dice que la diferencia era más de la que ella creía.

En fin, el plus de buena voluntad hace que guarde el boli rojo. Finalmente 58,80€ entre los tres. ¿Valoración general? Bueno…pues el sitio no está mal, no entiendo mucho la fusión de cocinas pero tampoco es algo que moleste. Si que me chirría más el hecho de que por el tipo de platos y la decoración parece un sitio más viejuno de lo que es. Da la sensación de estar comiendo en Rausell, Erajoma, o en un sitio de estos. De todas formas no puedo decir que no se come bien. La comida es gozona.

Lo dejaremos en un okey moderado, porque los sitios por el centro tampoco abundan.
Goza de amplio aparcamiento.

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