Taj majal

Pues resulta que el otro día, hacía frío y el cuerpo me pedía picante. Se me ocurrió aquel sitio por Blasco Ibáñez, donde hacían comida de Sri Lanka, el Barceilán, pero tras caminar bajo la llovizna, va y lo han traspasado. Ahora es una especie de italiano. No more Barceilán.
Pero claro ¿Cómo me quito yo ahora este regomello étnico del cuerpo? Pues le tenía echado el ojo a un indio por Manual Candela, que se llama Taj Majal.
Para empezar, el sitio es como increíblemente grande y aseao. Parece casi el hall de un hotel, como si entraras de repente en un NH. Todo el suelo pulido y brillante, una especie de cascada de agua al lado de la puerta, la barba de los camareros hecha como con escuadra y cartabón, y un puto photocall al lado de la barra. Podríamos debatir intensamente sobre la necesidad de poner un photocall, pero no es a lo que vamos.

Antes de traer el primer plato, el camarero nos deja unos papadams con tres salsas para ir abriendo boca. Una es verde y lleva cilantro, la otra es más dulce y parece de tomate, y la tercera, que es la que pica un poco, sabe como a encurtidos. Por cierto, los papadams son como unas obleas crujientes que se sucan en cosas.

La carta es extensa y todo tiene nombres complicados. Pedimos el fish tikka y unas chuletas de cordero de entrante. El fish tikka son unos dados de emperador de tamaño generoso, macerados en pimentón y una cantidad astronómica de especias hasta que queda rojo y muy sabroso. Le meten un planchazo y te lo sirven en una bandeja de hierro negro a diez mil grados Farenheit que sale humeando a tope como la de las fajitas del Foster´s Hollywood. Cuidadito con la bandeja porque igual puedes comerte el pescado que destruir el anillo.
Las chuletas parece que vienen cocinadas exactamente igual, pero les faltaba un puntito de sal, estaban sosetas. Las dos cosas llevan el mismo acompañamiento, una rodaja de limón, cebolla y pimiento rojo por debajo hecho en la misma bandeja. Hasta ahí todo correcto, cantidad correcta, precio asequible.

 

Pero entonces llegan el cordero y el pollo a la vez, en dos cazuelitas del tamaño de un cuenco de kikos. En el bol del cordero hay como ocho pedacitos de cordero, y vale trece pavos. Mis peores temores se confirman. Cojo el móvil, me meto en la APP de la bolsa y efectivamente, Corderopsa s.a. ha subido un 8000% su valor y se ha colocado a la cabeza de Ibex. En Bloomberg comentan que el cordero se cotiza por encima del platino y ahora Fort Knox está almacenando kebabs. ¿Estamos locos? ¿Cómo va a costar una cazuela de ese tamaño trece pavos? ¿Lleva gulas? ¿Gulas de diamante? ¿Gulas de diamante que ha traído Salma Hayek metidas en su culo de contrabando desde México? Porque si es así sí, pero si solo son daditos de cordero con comino y cúrcuma se nos va de las manos, amigos. En fin. Ambos platos vienen con una bandeja de arroz. El arroz debería ser blanco hervido normal, pero tiene como chispas de colores. De repente hay tres granos verdes, unos rosas, y alguno amarillo. ¿es colorante? ¿Qué clase de brujería es esta? No tenía nada de especial.
Al margen de esto, sabrosalmente hablando, la comida no está nada mal. Cierto que las salsas al estar tan especiadas y llevar ambas una base de tomate, terminan pareciéndose un poco, y da la sensación de que si juntaras las dos cazuelas tampoco se iba a notar mucho.

No pedimos postre, pero pedimos un vinate y un agua. Al final 56 entre tres, a 18 y pico.
No sé, tengo la sensación de que la materia prima es buena, pero las raciones principales eran un cachondeo, mucho más abundantes los entrantes. Además aunque seguramente fue culpa nuestra, porque la carta es muy larga y no acertaríamos, los platos se parecían demasiado entre sí, tanto los dos primeros como los dos segundos. Lo mejor de la cena el pescado.

Un okey moderado por el beneficio de la duda.

Goza de amplio aparcamiento, chatos.

¿Qué dices, nano?