Sra. Cook

Nanos, ayer me sobrevino un chafón bastante considerable. Me habían recomendado un sitio de estos que son como la florecita que sale entre el asfalto, en una zona donde no hay nada. Al final de la Calle Alboraya, donde se junta con Primado Reig, a la altura de la tienda esa de juguetes, está la Sra. Cook. Me habían hablado bien, la carta parecía graciosa en internet y el valor de abrir un local en una zona tan poco hostelera, en principio suma puntos.

Llegamos, y el sitio podría definirse como “cuqui”. Suelos de azulejo ruzafesco, paredes blancas, botellas de vino a la vista y detalles muy sobrios en la paredes. El sitio mola y mis expectativas crecen. La carta es de las de pinza por arriba con tres folios, entradas fías y calientes, carnes y pescados y postres. Como las carnes y pescados se van un poco de precio, vamos a por los entrantes.

Pedimos ensaladilla ibérica, alitas de pollo, tres croquetas de boletus, el tartar de remolacha y ventresca, y unos baos de secreto. La camarera nos explica que la ensaladilla ibérica es como una rusa normal, pero con jamón ibérico en lugar de atún, y bueno, capta mi interés. Nos pedimos un vinate blanco para ir tirando.

Cuando llega la ensaladilla no parece una ensaladilla propiamente dicha, parece más bien como un…¿revuelto? Hay cuatro rebanadas de pan frito por encima a modo de decoración/invitación al montadito. En principio el plato me dejó catacroquer, sabe como a una tortilla de patata poco hecha, con taquitos de jamón por dentro. Y oye, a mí me pareció que estaba de puta madre, hubiera cenado solo eso, pero no te esperes para nada una ensaladilla. No hay aceitunas, la mayonesa está como muy disimulada (por suerte, porque mayonesa con jamón ibérico puede ser canalla) ni demás elementos clásicos. Pero bueno, que fetén, y que yo me vengo arriba en banderillas. Este plato es okey.

Llegan las croquetas de boletus, tamaño puño cerrado, y automáticamente se aprecia el temido efecto hermanos Rivera. Dos de ellas son doraditas y apetecibles, mientras que la tercera, es más pequeña, contrahecha y tiene un color muy mierder. ¿Cómo puede ser si en teoría las tres proceden del mismo sitio? ¿Por qué la naturaleza ha sido tan cruel con la croqueta pequeña? En fin, sabor a boletus y trufa, les faltaba sal para mi gusto, pelín sosas. Por encima llevaban una cucharadita de cebolla caramelizada. Bien.

Las alitas de pollo te las puedes saltar. La ración son seis, vienen con salsa chili dulce y no tienen mucho de especial. Por encima les ponen cebollita de esta crujiente, pero bueno, ya os digo que normal. Alitas de pollo. Te las haces en casa.

¿Qué cojones nos pasa con los panes bao? Para mí son un poco como Sean Paul, te los encuentras por todas partes pero realmente no aportan demasiado, no suman. En este caso llevaban secreto, mezclum de lechuga y la salsa esta dulce que se le echa al pato Pekín. Estaban buenos, pero casi hubieran estado mejor con cualquier otro pan. El secreto combina bien con el puntito dulce de la salsa, a lo mejor en vez de mezclum yo le habría puesto una hoja de lechuga, como en el Smoke and roll, o cebolleta fresca, no sé. Un poquito a medias.

Para rematar, llega el tartar de remolacha con ventresca, en proporción absurda. La ventresca era homeopática, había como nueve partes de remolacha para una de ventresca. Cierto que la remolacha era graciosa porque tenía su puntito picante, estaba bien aliñada, y sí, funciona, pero a la tercera cucharada no quedaba ventresca y teníamos ante nosotros un plato lleno hasta arriba de dados de puta remolacha violeta. Acabamos hasta la polla de remolacha, la mitad se quedó ahí. Buen plato, mala proporción.

Bueno, y decidimos rematar con el merengue con hojaldre y crema de limón. La camarera nos advierte que tardará unos diez minutos porque el merengue se hace al momento. Vale, echamos un piti.

La presentación es bastante apetecible, doradito de horno por arriba, generoso de tamaño, clásico postre que le habría flipado a Gordi el de los Goonies. De sabor bien, falta un poco de potencia en el limón, el hojaldre igual no es el mejor del mundo, pero bueno, sales del paso. Pero espera…he de contaros algo, ahora viene cuando la matan.

Pedimos la cuenta. Yo estaba decidido a darles un okey moderado, con vistas a uno superior, porque una de las camareras nos atendió con el brazo en cabestrillo, y se veía que estaban teniendo problemas. La cena fue correcta, aunque tampoco es que se nos follara la cabeza, una cosa sin más, pero bien, y el precio entraba, así que debería tener el okey.

Normalmente cuando vamos a cenar, hago una cuenta mental para saber qué vino pedir, o si tomar o no postre para que el precio me encaje en los 20€ por cabeza. En este caso, íbamos justos pero aun estábamos unos dos euros por debajo, cuando de repente…

Surprise motherfucker. La ensaladilla, que en la carta valía 8 pavos, en la cuenta vale 9 because yes, y el pan que no habíamos pedido, sube otro pavete extra. ¿Resultado? 1,80 por encima del límite, y un local que se hunde en los oscuros abismos del no okey. Nano, no me tengas haciendo malabares para que me cuadre la cuenta y luego me hagas la del pacto con Ciudadanos. Desgraciadamente, éramos tres y salimos a más de 20 por persona, y aunque el local hubiera aprobado, pues no. A volar.

Goza de amplio aparcamiento.

¿Qué dices, nano?