Sprizzo

Vaya por delante que encontrar un sitio en el que cenar un lunes es una difícil tarea.
La zona del Cedro últimamente parece que está volviendo a despuntar a nivel de locales y tal, pero concretamente los lunes te puedes comer un torrao impresionante si buscas sitios abiertos. Pero bueno, por lo que sea tuvimos suerte y vimos unas luces atractivas en Explorador Andrés.
Sprizzo es un sitio que llama la atención de entrada, la decoración es bastante chula y por fuera hay carteles buenrollistas del tipo “Pedir agua aquí es inmoral”, “No conduzcas, tienes que beber” y cosas así.
Yo destacaría que la oferta es escasa y el tipo, aunque simpático, es un vendemotos de auténticos locos. En la carta tienes varios bocadillos, una lasaña, una pasta, una ensalada, y luego algunos quesos italianos. Bueno, lasaña no había, los bocadillos en su mayoría son de cosas no cocinadas, rollo rúcola con tomate seco y mortadela, o cosas así, pero el chico se puso a ofrecernos cuatro o cinco pastas. Teníais que haberlo oído hablar de las pastas, aquello era una maravilla, todo producto italiano, cocinado con mimo, auténticas explosiones de sabor y de cultura mediterránea ancestral. Finalmente pedimos una pasta amatriciana y unos bocatas, pero cuando el tipo se retiró a la cocina, noté que mi colega tenía algo raro.
-Raúl nano, ¿qué haces con una Rieju dentro del restaurante?
-Yo…yo…no lo sé, ¿había entrado sin moto?
Pero espera, que me olvido de la ensalada. En la carta pone “Ensalada con ingredientes frescos del mercado, pregunta al camarero”. En esto que el fiera se acerca de nuevo y nos dice que nos va a preparar una ensalada con queso de cabra, tomate seco, esto, lo otro, pim pam. Yo le digo que el queso de cabra lo cambie por mozzarella, él dice que estupendo, desaparece en la cocina y yo de repente me encuentro subido en una Vespa Primavera que no tenía al entrar.

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A todo esto, el vino.
-Tengo unos vinos italianos, jóvenes, pero que combinan muy bien con los sandwiches, porque son muy suaves, y gustan mucho, y son de no sé qué zona italiana, y me los traen de allí, y tal.
Pedimos uno que se llamaba Syrah, nos lo trae con copas de cava, se pira a la cocina y mi otro colega tiene que ponerle el caballete a la Ducati para que no le vuelque. Para mí muy suave, no me dijo nada.
Bueno, llega la ensalada, mezclum de bolsa, tomate seco, rollitos de jamón de york e inexplicablemente, queso brie, because yes. Igual “productos de mercado” le queda grande a jamón de york y brie, pero bueno, cinco pavos. Tira que te va.
Los sandwiches estaban hechos con pan integral 14 semillas del Supercor, y como os he dicho antes, la mayoría de los ingredientes van en crudo, o como mucho calentados. Bueno, una excepción, me pedí uno con longaniza, mozzarella y ensalada que no estaba mal. Aunque los ponen con tres pisos y realmente no es necesario. Bueno, los sandwiches correctos.
Llega la pasta.
Macarrones, salsa de tomate, trocitos de guanciale (papada) y queso rayado por encima. Bien, nada que ver con L´alquimista (por ejemplo), pero por cinco pavos, la compro.
Por suerte salieron reforzados en los postres, que eran tiramisú y salami de chocolate. Estaban realmente okey ambos. Me llamó sobre todo la atención el salami porque nunca lo había probado, es literalmente un chorizo hecho de chocolate con tropezones de galleta.

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¿Qué sacamos en claro de todo esto? Pues mirad; el vino vale 15 pavos porque es italiano, pero no los vale. Los sandwiches y la pasta correctos para lo que valen, la ensalada muy sobrevalorada, y los postres ricos. Añadamos a la ecuación que salimos 5 personas a 10 pavos cada una.
Me planteo añadir una nueva categoría que fuera “Okey por emergencia”, pero por el momento vamos a dejarlo ahí en el no.
Goza de amplio aparcamiento.

¿Qué dices, nano?