Shish Mahal

C/ Poeta Artola, 13,
Tlf: 963 69 82 03

Ya que la última entrada fue sobre un lugar donde hacían comida de Sri lanka, vamos a seguir por ahí y os voy a hablar de un sitio exótico que hay en Xuquer. En la calle de Los Malagueños, por donde antes estaba el Capitán Morgan (mira que cerrar, si iba de puta madre ¿qué coño pasó ahí?) hay un sitio llamado Shish Mahal, que se llama así para putear a los que tienen frenillo. Hacen comida Indo-Pakistaní, y por dentro está decorado como si a Alaska y Mario les hubieran dado una tarjeta black y los hubieran soltado en un todo a 100. La carta es de esas que Chicote define como “demasiado extensas”, de las de plástico blandito que pone “Marqués de Riscal” por fuera. Hay como un par de páginas de entrantes, una de cordero, otra para pollo, hay una página para todo.
El caso es que decidimos dejarnos fluir y pedimos a topor. Los nombres de los platos son complicaditos (en plan Tarka Dal, Vegetable Biryani, de ese palo), voy a intentar resumir. Pedimos un cordero con hojas de mostaza picantes, butter chicken, arroz con vegetales, lentejas con ajo, y un par de cosas más de las que me acordaré ahora cuando vea las fotos. Para acompañar, pedimos unos panes de pita rellenos de queso que se llaman cheese nan.

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Empezamos. Traen varios platos a la vez, en general recuerda mucho a un chino de los de toda la vida, de los de familia feliz. A modo de aperitivo, sacan unos super Bocabits con sabor a pan de gamba, pero mucho más grandes y con tres salsas, picante, agridulce e indefinida. Nada reseñable. Luego llegan unas albóndigas de carne, que habíamos pedido porque iban rellenas de huevo, y en nuestras lúbricas mentes era huevo líquido y gotearía al morder. Nada más lejos que La Coruña, el huevo estaba duro, y las albóndigas estaban más secas que una croqueta de algodón. La primera impresión no fue muy buena, pero tranqui que remontan.
Llegan el butter chicken, otro pollo con salsa de tomate, el arroz y el cordero, así, de golpe.
El cordero, a pesar de parecer una cagada de bebé en un pañal, está espectacular. El sabor de la mostaza aparece al final, sutil en nariz, y deja un picor muy agradable. La carne está en su punto y no resulta nada grasiento, a pesar de que se nos cayó un trozo en el mantel y el cerco de aceite parecía la fuga del Pestige. Muy bueno. Pero quietor, el butter chicken estaba mejor aún. Se supone que es un guiso de pollo con yogur, mantequilla y especias, que yo no conocía. El pollo estaba tierno y sabrosón, y la salsa sucable. Ahí fue cuando empezamos a reventar los Cheese nan, que son panes de pita calentitos, en plan torta, y rellenos de queso fresco. Muy cerdo todo. En general empiezo a entender que el sitio no es para hacer régimen. El otro pollo, también bueno, pero más prescindible, es uno con una salsa de tomate y cilantro que recuerda un poco al pisto clásico.

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El arroz era de este largo, basmati. Estaba salteado con guisantes, zanahoria y varias verduritas, pero como plato se queda soso, es más un acompañamiento. Lo suyo es ponerte un par de cucharadas en el plato e ir mezclándolo con las salsas, para hacer un poco el guarro y salir contento. Con las lentejas pasa un poco lo mismo, son lentejas con ajos y salsa especial. Son bastante líquidas, saben un poco a lenteja de comedor de colegio, no están mal…pero ¿y bien? Además la salsa especial puede ser lo que ellos quieran, especial porque lleva una hierba que no se encuentra o especial porque le he contado un chiste por encima. Nah. Normales.
Dato que me viene así a volapié, el vino por copas está bueno y ponen copazos.
Todos los postres parecían tener cardamomo, lo que me pareció curioso, así que decidimos probar el helado de pistacho con cardamomo a ver que tal.
Lo trajeron cortado en seis (un detalle) y parece casero, pero me supo muy dulce y también mucho a lactosa. Estaba congelado al principio, más duro que el salvaslip de los picapiedra. Tampoco nos triunfó demasiado.
¿Que saco en claro? Que el sitio es igual que un chino. Carta enorme (y que suele ser combinación de los propios platos y las salsas), platos que salen a la vez, servicio muy atento, precios muy económicos…

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Precisamente por eso, también tiene lo bueno de un chino. La cuestión es que comimos bastante bien, los platos en general estaban muy ricos (sin ser ninguna locura, pero nano, a funcionar) y salimos a 80 pavos entre 5, pues 16 pavetes.
Bien ¿no? No es ninguna gastro pasada, pero oye, si te apetece comoda pakistaní, yo te digo que vayas.
Okey si pasas por allí.
Goza de amplio aparcamiento.

¿Qué dices, nano?