Nesma

El otro día fui al Nesma y tampoco me cambió la vida. Es un poco como el botón de pulse para verde en los semáforos, está ahí y oye, bien, pero si no, pues tampoco pasa nada.
El sitio es un sirio-libanés que está en la misma acera del Garatge. Anteriormente había ido en un par de ocasiones y me gustó más. ¿Será que es verano? ¿Estaré menos receptivo?
Bueno, nos sentamos fuera para estar un poco a la fresca, que parece que apetece. En la terraza había tres o cuatro mesas fumando sishas de esas que se han puesto tan de moda y que huelen a ambientador de coche. Es como el vapeador 2.0, le doy un año más. Como dato os diré que antes de que trajeran la carta, ya me habían picado tres mosquitos, y durante el resto de la cena esos hijos de puta se cebaron conmigo al estilo Cullen. Pedimos un vino blanco. Solo tienen uno, y lo guay fue que al preguntarle a la camarera que cuál era, nos respondió: “está bueno”, como diciéndo…bébetelo y no des más por el culo, Flanagan.

Los precios son bastante asequibles. Nosotros pedimos unas berenjenas rellenas de carne y queso, hummus con carne, hojitas de parra con arroz y unos pinchos de pollo y cordero.
Empezamos con las parras. Bien de sabor, frías de nevera y con un toque a limón agradable. Parecen caseras, pero las del Kuzina o el Thalassa son bastante mejores. Además la decoración del plato, consistente en dos trozos de tomate atropellados por un tractor y un trozo de lechuga cortado con el sobaco me fascinó por lo minimal.
El hummus está bastante bueno, no sé si lo harán ellos. El rollo de la carne picada en el centro le da un toque, porque además es un picadillo muy especiado. Lo que pasa es que trajeron un pan de pita en una bolsa de plástico transparente, y ese ya os digo yo que no lo habían hecho ellos. Era una pita fina como papel de fumar, industrial y más seca que hacer gárgaras con talco. Hummus bien, pan mal.
Rematamos la primera tanda con las berenjenas. En la carta ponía “berenjenas rellenas de carne y queso” lo que no ponía es “encurtidas a topor”. Son berenjenas de las pequeñas, de hecho parecen algún tipo de alcaparra winstrolada. No fueron mis favoritas, de hecho, volvió a producirse el efecto “hermanos Rivera” que comentábamos en ediciones anteriores. Tampoco están calientes.

Luego llegaron las brochetas. Tienen de tres tipos, pollo, cordero 1 y cordero 2 la venganza. Cordero 1 es carne picada con especias, cordero 2 es carne sin picar con tomate y cebolla. Las sirven sobre lechuga, la presentación es desoladora. Hay que decir que lo que es la carne en sí, está buena. La de cordero parece una especie de hamburguesa con palo, pero se echa en falta un acompañamiento, una salsa, un algo, ponerle gracia a la vida, joder.

Nos las terminamos. Estábamos llenos pero pedimos postre, el clásico rollito de hojaldre árabe con pistacho y miel, en bocaditos individuales. Por dentro tiene frutos secos molidos, y cada uno vale un pavete.

Pfff…¿Qué os digo? Comida correcta, presentación mal, precio bien, servicio no creas tú que saben mucho por dónde van. No sé, es un sitio al que ir si te mola la comida árabe, si tienes economía de estudiante, o si pasas por allí y no te apetece ir uno de los muchos kebabs que hay en Honduras.

Salimos a 51,30 entre tres, a 17 pavetes. Bien, a funcionar. Lo más caro de la carta son las brochetas.

Goza de amplio aparcamiento.

¿Qué dices, nano?