Namúa

Nanos, el Namúa está ahí pero pasa desapercibido. Digamos que vas paseando por el Carmen, estás en la plaza esa de las terrazas, detrás de la comisaría, pues justo en la calle que lleva hacia el Bankia, está el sitio. A lo mejor le pasa como al Goya, que tiene pinta de sitio fino y blanco y a la gente le da como repeluco de primeras, pero oye, yo estuve el viernes y la verdad que fetén.

El camarero nos saca la carta, una página de entrantes, una de principales y luego ya vinos y tal. Aparentemente no es un sitio barato, pero surfeando se pueden hacer maravillas. Nos llamó la atención por ejemplo una movida de aceitunas esféricas, porque pensamos que serían esferificaciones de esas mágicas de Master Chef, pero las pedimos y…ooooh, no quedaban. Sin desanimarnos, pedimos la ensaladilla y las bravas porque previamente las había visto en Tripadvisor y parecían sexys. También pedimos un tartar de atún toro y un rabo también de toro que…ooooh de nuevo, tampoco quedaba. Mi colega, muy fan del rabo, se pide un doble para mitigar la decepción y….oooooh, se acaba el barril. Desassstre.

Desde luego, les habíamos pillado bajo mínimos, pero eh, así luego las remontadas son más espectaculares. De todas formas el camarero estaba empezando a sudar porque eran demasiados “no me quedan” seguidos, así que en lugar del rabo nos ofreció carrillera con alcachofas, y ahí el cabrón me metió gol desde medio campo.

Bueno, centrémonos y empecemos por el principio, las croquetas. Llegan 4 bolitas de rebozado crujiente y doradito, tamaño Ferrero Rocher. Estaban buenas, y se notaba la carne hilosa en el interior, pero para mi gusto, un poco demasiado lácteas, la bechamel sabía demasiado fuerte. Aún así bien.

El primer sorpresón me lo llevé con la ensaladilla rusa, porque nano, parecía un Pollock. Es como si hubieran tirado la ensaladilla de un séptimo piso sobre el plato, está explotada y la ha atropellado un camión, mola mucho. Estaba como puesta en una teja y en varios montoncitos. Sobre cada gurruño de ensaladilla había una galleta de cacahuete a modo de saladito, y trozos de cebolleta por ahí esparcidos. Por lo demás, llevaba aceituna, mayonesa, atún y todo lo que se le presupone a una ensaladilla que sabe quedar bien con los suegros. Un puntazo.

Pero eh, llegan las bravas. Son curiosas y también están presentadas bonito. No es que se hayan inventado la rueda, es una patata cocida, con un vaciado en el centro, que han llenado de ajoaceite y pimentón. Luego hay unas pintaditas de salsa picante (pero poca, tranquilos si no os mola el ardor) por el plato. Oye, seguimos bien, empiezan a haber miradas de okey entre los comensales.

Tenía entendido que atún toro es como se llama en Japón al atún más graso, luego he investigado por aquí. El atún rojo es la hostia, lo que pasa es que es caro, y el 90% de las veces que pides atún, te lo clavan de aleta amarilla, que es el atún normal, barato y sin estudios. En este caso era del bueno, porque la ración era muy pequeña. Pusieron un tartar poco más grande que una Oreo, pero eso sí, estaba del carajo, compadre. Llevaba cilantro, cosa poco común en un tartar, más normal casi en un ceviche. También me llamó la atención la salsa de los lados, que era de yema de huevo cruda con mostaza, y que le daba un toque super interesante. Este plato mejor pedirlo para dos, porque para cuatro o cinco te llega a una muela. Pero, atento…12 pavazos, Maikel.

La corrida suprema llegó con la carrillera. La carne estaba muy buena, pero las alcachofas y la crema de setas que había de base hicieron un supercombo que nos voló la cabeza a todos. Las alcachofas estaban rebozadas, por encima, a modo de chip, la crema sabía a seta, no a nata, no a patata, a fucking seta de las de chalet de David el gnomo. Todo estaba en su sitio en cósmica armonía. Realmente no eché en falta el rabo de toro para nada, y este plato sería un golden okey como la copa de un pene si no fuera porque no está en carta y fue una invención del momento. En la base de todo creo que había un fondo de carne, pero qué mas da, a estas alturas ya no me importa.

Por cierto, la partida de ojete fue cuando tiramos a pedir los postres y les faltaban dos. Era como si les hubieran entrado a robar en la cocina, en serio, no les quedaba nada, era absurdo. Por suerte el camarero nos recomendó la torrija de horchata (cosa que también empieza a verse mucho por ahí, ojito que nos pasamos) y también fue un acierto. El pan se deshacía melosito, aunque el sabor es un dulzor que ya has probado muchas otras veces, por eso me quedo con otras cosas de esta comida, pero la torrija muy digna, de verdad.

Cuando pedimos la cuenta se habían olvidado de cobrarnos la carne, así que se lo dijimos y en agradecimiento el chef nos trajo unas trufas y unos chupitos. ¿Qué tenían las trufas de particular? Pues que iban rebozadas en miga de pan. Al principio piensas…hostias que raro, pero claro, es pan con chocolate. Sabe a la típica merienda de cuando eres nano, que al final es eso.

Y bueno, 57,20 entre 4, a 14,3. Irrisorio. Cierto que no pedimos vino, pedimos copas sueltas y cañas, y también es cierto que evitamos lo mas caro de la carta, pero cenamos increíblemente bien y la calidad de la cocina es muy alta. ¿Por qué no tiene el máximo tope de okey? Pues mira nano, porque les faltaban la mitad de cosas, y porque creo que las falta un puntito de I+D en los platos, pero estemos atentos, porque igual que subió el Miso, yo creo que este va para arriba.

Ir 4 es lo ideal, os lo recomiendo vivamente. Okey casi a tope pero al palo.

Goza de amplio aparcamiento.

¿Qué dices, nano?