Miso (Revisited)

Por dónde empezar…el Miso Gastrobar en el Cedro….el Miso es la puta polla. Es absurdo, en serio, es como cuando en las películas americanas entra una chica nueva al instituto y la tratan de fea porque lleva gafas pero se ve claramente que es un pibón de locos. ¿No os dais cuenta de que esta tía está buenísima y la tenemos aquí? La estáis infravalorando, cabrones. Pues eso mismo pienso yo.
El tema es que la primera vez que fui, cuando hice la primera entrada, Miso era una especie de bocatería sexy con algunas tapas de entrante y tal. Apuntaban maneras por el tipo de cocina, y al cabo de un año ascendieron a tope de okey, pero no había vuelto a hablaros de ellos, ni de lo que se come por allí. Bien, pues ya no es bocatería. Es un sitio con una oferta tan variable que no he podido ir dos veces y comer exactamente lo mismo. Los bocatas volaron y han dejado paso a una carta, dividida en cosas de mar, cosas de tierra, cosas con pan y postres, en total no más de 16 platos, pero que ya te digo yo que no hacen falta más.

Llegamos, nos sientan, hay una caca dibujada en la puerta del baño, lo que ya les hace ganar bastantes puntos. Mientras nos echamos la primera caña con una tapita de ensaladilla, veo que la carta ha vuelto a digievolucionar. Mantienen un poco los hits, porque si no tienes el cazón en adobo es como si Miguel Bosé se va sin haber cantado Bandido. Empezamos a pedir.

Tartar de berenjena escabechada, sobre salmorejo de albahaca con perlas de mozzarella y coulis de tamarindo. Ahora vas y lo cascas. ¿Cómo no vas a pedirte eso? Sería perverso, sería de mala persona. El tartar va cortado en daditos, obviamente. La berenjena está súper cremosa, y tiene el toque avinagradito ese del escabeche, pero nada, lo justo para salivar. En la base tenemos las perlitas de mozzarella a modo de boyas en un mar de salmorejo de albahaca. Acojonante.

¿Sabes qué más hay en carta? Nuggets de manita de cerdo.

-“Es que las manitas me dan asco, es por la textura, es gelatinosa y…” ¡Basta! ¡Basta! ¡No quiero oír esas mierdas!

Haz el favor de pedírtelos, aunque solo sea para sucar pan en la salsa como si no hubiera mañana, o el mañana no engordara. El nugget en sí, es como una croqueta, con el rebozado de fuera durito, y el centro de manitas. El crujientor externo anula el blandor interno, creando un poderoso efecto de okey. La salsa del fondo contiene unos garbancitos y tiene un punto dulce, y como a pimentón. Es como la salsa del guiso de manitas. Viene con garbanzos y patatas fritas, pero eso es lo de menos.

Oye ¿Y el cazón en adobo? ¿Qué cojones me cuentas del cazón en adobo? Creo que es el único plato que han mantenido en carta durante los dos últimos años, digo yo que será por algo. Taquitos de cazón, adobado en una mágica galaxia de limón y especias, que luego cogen y fríen en harina (¿de garbanzo, puede ser?)  y sirven con hebras de limón caramelizado. Es simple, es de toda la vida, pero está muy bien hecho. Cero de aceite, topor de sabor. Golden okey instantáneo. Está tan bueno que si tu pareja te pilla poniéndole los cuernos con ese cazón en la luna de miel, te propone un trío.

Luego seguimos con unas hamburguesas de sepia (¿¿??) y langostino, con ajoaceite de su tinta y ketchup de camarón. Es que nano, date cuenta un momento de lo que estamos hablando. Son bastante sabrosas, pero creo que las salsas son lo que le da todo el rollazo al plato. se venden por unidad. Son una bofetada en la cara de las hamburguesas gourmet de doce pavos, porque si una de estas movida vale 2,50, haz cálculos. De todas formas me moló más lo siguiente, el pan libanés con carnaza.

Imagínate dos pitas finas, con carne de cordero desmechada por dentro, y salsa de curry y perejil. La carne recuerda remotamente a la cochinita pibil, pero claro, versión árabe, con su comino y sus movidas. Las salsas gotean cerdamente al morder, pero ¿a quién no le gustan las cosas que gotean cerdamente?

No pedimos postre porque no había cojones de comer nada más, pero tienen una torrija de horchata que hace llorar a Chuck Norris. Os dejo eso ahí como dato

Éramos seis, a 103,45, salimos  a 17 y pico, con dos botellas de vino, un par de cafés y chupitos al final.

En serio, dejad lo que estéis haciendo, coged vuestra cena y tiradla contra la pared con desprecio, pisad los restos y salid hacia Miso. Se trata de un tope de okey de a todo topor, de las grandes leyendas.

Calle Campoamor 64. Goza de amplio aparcamiento.

¿Qué dices, nano?