Miso Gastrobar

C/ Campoamor 64
960 15 23 13

Xics, el Cedro está remontando el partido, o eso parece. Tras una época oscura en la que todos los sitios interesantes cerraron, y la única oferta para cenar residía en bares de camareros que mastican palillos (tipo el Trébol), ahora empiezan a aparecer nuevos locales como tímidos champiñones post diluvio apocalíptico.
En la calle Campoamor, en la misma acera del Matisse y del Wah Wah, abrieron este verano el gastrobar Miso. Una carta escasa pero original, con sugerencias fuera de carta, y que se apoya en unos bocatas poco vistos para rematar. La palabra “gastrobar” siempre me ha parecido de un postureo que flipas, todo sea dicho. Como cuando ponen el nombre del local y luego viene algo tipo “food, wine and moments”.
Llegamos, dentro estaba petado, nos sientan en la terraza y nos dicen que como van un poco a lo loco, nos invitan a una tapita de jamón y queso para empezar, por si tardan.
Echamos un vistazo a la carta y pedimos el Bienmesabe con hebras de limón caramelizado, el croquetón de hongos con toffee de vino generoso, y los bastones de pollo con salsa teriyaki.

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Al final van y lo sacan todo casi en seguida, para que veas.
Lo del Bienmesabe fue una sorpresa, es cazón, cazón rebozado a la andaluza. Las hebritas de limón le dan un puntito dulce cuando las pillas, pero nada, es un toquecito cuanto apenas. Creo que ese plato va a ser un hit.
Me esperaba lo del toffee más en plan caramelo, pero en realidad es una reducción espesa del vino. El croquetón tiene un sabor fuerte a hongos y una textura densa, como si masticaras Nocilla a boca llena. Bien también.
Los bastones de pollo vienen empalados a lo Holocausto caníbal y metidos dentro de una copa con la salsa. Me aventuraría a decir que es casera, tiene un puntito ácido y amargo muy oriental que invita al suque.
Como ya estábamos viniéndonos arriba, pedimos el falso hummus de judión, ajo negro y albahaca.  Como contrapunto negativo diré que la albahaca no se la encontré mucho, y que estéticamente parece un bol de mierda de bebé con rúcula frita, como bien se aprecia en la foto, pero maldita sea, está muy bueno.
Ya he visto que el ajo negro empieza a utilizarse poco a poco en algunos lugares de Valencia, por ejemplo, las bravas de El Garatge lo llevan; por si no lo habéis probado, tiene un sabor más dulce y suave que el ajo común. Y bueno, pues eso mezclado con legumbre, en este caso judión, pues da una cremita untable la mar de sexy. Viene con pan de pita.

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¿Y qué pasa con los bocatas? ¿Tienen Chivitos, Brascadas, Almussafes y demás delicias de bar de polígono? Pues no, porque tienen solo 4 bocatas pero con un toque. Había por ejemplo uno de calamares con mayonesa de chili dulce que me quedé con ganas de probar, pero en esta ocasión nos decantamos por uno de roast-beef con chimichurri de pistacho, tomate y brotes. Qué que.
Pan bueno, tamaño palmo, sabor a tope de okey…buen bocata, sin duda.
30,50€ entre dos, a 15,25, muy bien.
Amigos, a este local hay que darle, no sólo ya el okey, sino un okey colonizador, aventurero, por ser el primero que hace este tipo de cocina en el Cedro. Okey de Magallanes para ellos, echadles un ojo cuando vayáis de concierto por la zona.
Goza de amplio aparcamiento

¿Qué dices, nano?