Mil grullas

Os traigo el curioso caso del sitio que mola, pero que está en una localización canalla y por eso nadie descubre. Seguramente conozcáis alguno de esos, El Miso por ejemplo está en un sitio que no le hace justicia, pero lo va llenando el boca a boca. Bien pues el otro día (domingo) iba con un amigo por el Cedro y encontramos un mapa. La leyenda contaba que había abierto un sitio nuevo de taptias japonesas, pero que teníamos que conseguir un cetro con una gema, que situada en el sitio correcto durante el amanecer de determinado día, proyectaría un haz de luz sobre una piedra concreta con la forma de Bertín Osborne. Al empujar esa piedra, se abre un portal hacia Narnia, donde tras atravesar una cascada y resolver tres acertijos, se nos revelará la ubicación de este restaurante. 



Os hago spoiler, está justo en la parte de detrás del Peter Rock del Cedro, y se llega recto por la última calle a la derecha que sale de Manuel Candela antes de llegar a Blasco Ibáñez. No es fácil, no es intuitivo.
El concepto es un poco el del Kaña Makan, pero en asiático. Carta larga, vertical, en la que vas marcando en boli lo que te apetece. Todo platos chinos, japos, vietnamitas, y rondando entre los tres y los cinco pavos.

Llegamos, el sitio parece muy nuevo, muy blanco. Hay un árbol junto a la entrada, que en vez de hojas tiene pajaritas de papel granate, muy Invernalia. Detrás de la barra hay una pantalla que va pasando todo el rato fotos de los platos, para que sepas un poco lo que pides y de paso que te apetezcan de la hostia. 

Bueno, nos sentamos en la parte de arriba, viene el camarero, nos llama de usted, una parte de mi alma muere y le pedimos la bebida. Nos dice que vino por copas no puede ser porque no tiene ninguna botella abierta. Eso es bastante poco molante, pero bueno, tienen Estrella Galicia y como es domingo y tal, pues vamos funcionando. La carta-hoja tiene un apartado de baos, uno de tapas frías, otra de calientes y otro de gyozas. Pedimos, a ver si me acuerdo, los muslitos mil grullas, alitas picantes, gambas crujientes, gyozas de cerdo shuijao, y unas movidas que creo que se llaman bahn mi.

Tardan poco, lo primero que salen son las gambas. Básicamente son unas gambas envueltas como en pasta filo y fritas. Tienen dos salsas, una de cacahuete picante y una de albahaca con yogur, ambas muy interesantes. Bien, vamos comiendo con las manos y con la birra entran perfectamente. El toque se lo dan las salsas. Luego llegan las gyozas, que no son gyozas al uso. Para empezar llevan piparra por encima, y es una fusión que mola. El interior es carne de cerdo cocinada asiáticamente. Siento no ser más concreto, pero el batiburrillo de salsas y especias es complicado de identificar. Está bueno, quedaos con eso.
Entonces sacan las alitas, vienen cuatro. Tampoco vamos a descubrir aquí ahora lo que es una alita de pollo, las embadurnan en la salsa y obviamente vienen con piel, pero sin pluma. Vienen embadurnadas en una salsa, que recuerda algo al chili dulce. Te pringas hsta las corvas, pero tienen toallitas de esas que se despliegan como una erección cuando las aprietas, y eso salva la noche. 

Los bocatas que pedimos, llevaban bien de pepino, carne y alguna salsa, pero no los recuerdo mucho porque fueron lo más común. Mucho mejor por ejemplo los muslitos. Vienen empapados en una salsa espesa, con un sabor indefinido pero que quiero volver a probar, saladito y picante. Las pedimos con un bol de arroz pequeño, y luego guarreamos tirando el arroz en la salsa y tal. Una vez más las toallitas vinieron muy bien. 

Rematamos con unas costillas (3) que vienen con una salsa como barbacoa, pero más suave. Todo en Japón es más suave en general…excepto el porno con calamares. Bastante chicha y poca grasa para ser costillas. Okey. 

Cuando ya estábamos terminando de cenar se nos acercó una chica jóven que entiendo que sería la dueña, y nos dice

–  Ey xics (en mi mente todo el mundo saluda así) ¿Qué tal todo? ¿Os ha gustado?

– Si todo muy rico, blablabla, no os conocíamos, esto, lo otro…

– He notado que habéis pedido de todo menos los baos ¿no os gustan? ¿no sois bao friendly?

En ese momento yo me explayé un poco y le expliqué mi teoría de que los baos son como Pitbull o Sean Paul, que están en todas partes pero realmente no aportan nada, y que me saben un poco a brioche de cumpleaños y tal.

-Ya, supongo que habrás probado otros baos de por ahí pero no los nuestros. Aquí los hacemos nosotros y redefinen el concepto que entiendes como realidad. Son la pastilla roja de Matrix de los baos. 

En ese momento captó mi interés, pero ya estábamos terminando la cena y nos mostramos reticentes.

– Mira, os voy a sacar dos, y me decís si os gustan. 

Y a mí, que me gusta más comer que atracar ancianas, pues ya me tiene. Total, que nos saca dos minibaos fuera de concurso. 

Tienen tamaño como de timbre pequeño de recepción de hotel. El relleno es de panceta, con salsa y lechuga, pero el flow yo creo que lo tiene el pan. Tiene un rollo a bollería, como a croissant de mantequilla, pero es mucho más crujiente que la masa blanca chiclosa que había probado hasta ahora. No empalaga porque es prácticamente bocado y medio, y no se hace bola como otros. He de reconocer que molan, y que ya sé de un sitio sonde puedo pedir baos. Gracias, dueña desconocida.

Mira, salimos a 35,75 entre los dos, a menos de 18 pavos. Yo creo que el baremo de un buen okey se basa en una relación calidad-originalidad-precio, elevado a pelotas que tienes de montarte según qué restaurante en según qué sitio. Por ejemplo, los del Apotheke me parece que tienen los huevos como un wrecking ball y eso les sube el puntaje. Yo creo que este sitio tiene un okey bastante alto. Además, están empezando y creo que va a molar darles un empujoncito. Son una oferta muy buena para cuando sales por el cedro y quieres picar algo antes de un concierto.

Okey en pajarita para este lugar recóndito. Echadle un ojo.

Gyoza de amplio aparcamiento. 

¿Qué dices, nano?