Leipzig

C/ Teixidors 8

622 74 95 31

Intentaré recordarlo, porque fue a mediados de verano. Una amiga me dice que su jefa conoce un sitio mágico escondido por un callejón del carmen, que ella va mucho y que se cena de luxe. Se llama Liezpig, y lo lleva un matrimonio, ella es una valkiria alemana que se llama Ricarda, y su marido no sé de dónde es, pero tiene poco de alemán.

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Está muy cerca del Radio City, si vas andando hacia la plaza donde está Casa di Sophia, es la primera o la segunda a la izquierda, en la esquina donde hay un italiano. La terraza es bastante grande, pegadita a la pared, nosotros cenamos ahí. Al parecer, allí el hit es cenar con tintos de verano, que son enormes y valen 3,50. Cuando nos sacaron los primeros, llevaban abundante hierbabuena por encima, y mi colega creyó que se llamaban “tinto de VEGANO” por la pronunciación de la dueña y las hierbas. Es de esas mierdas que hacen más gracia vividas que contadas.

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Bueno, tienen carta y sugerencias fuera de carta (bieen). La chica que nos llevaba, nos obligó por contrato a pedir el wrap de pollo mozárabe, el resto lo fluimos bastante. De las sugerencias, cayó el carpaccio de ternera con setas y parmesano, y de la carta, varias cosas frititas y picables que ahora os cuen. Empezamos con unas samosas con chutney dulce, y unas alitas de pollo picantes, ambas muy juguetonas. Recuerdo particularmente las alitas de pollo, a mí el picante me gusta y estas estaban en su puto punto. La primera parte de la comida fue básicamente de alargar la mano, y comerte algo de un bocado o dos, lo que no deja de ser un concepto interesante. También pedimos unos falafels, y unas albóndigas de carne con salsa de menta, que me recordaban mucho a las croquetas de cordero de La Greta. ¿Que se puede destacar? Todo estaba de la hostia. Si acaso diría que las salsas dulces no me triunfan demasiado con la carne, particularmente la de menta me supo a chicle, pero en general, todo lo que probé estaba cojonuten.

Digamos que la segunda parte de la comida, tuvo un carpaccio, unas bravas y el wrap. Tuve la impresión de que el carpaccio no era de sobre, las setitas sí que eran de esas en aceite, y además llevaba hierbabuena de la del tinto vegano y lascas de parmesano. Diez pavetes. Mmmm :/ carete.

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El wrap de pollo, en cambio, sí que era una locura. Verdura cortada en daditos, con un megamix de especias de esas que dan toquecito árabe, bien pochaditas, y algunas pasas. Es un sabor interesante, de esos que no te encuentras en todas partes, no es un puto tartar de atún, es el plato que tenéis que probar cuando vayáis. Bueno, eso y las bravas. Las bravas venían ensartadas en pinchitos de holocausto caníbal. Fritura buena, patata buena, y salsa curiosa y sexy. Es blanca, con lo que al principio podría parecer ajoaceite, pero luego pica bastante, con lo que indudablemente se trataba de una corrida de mexicano. Sea lo que sea, estas bravas entran en mi top seven de bravas de la vida.

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De postre cayó un brownie, pero lo recuerdo en plan sequete, sin más. ¿Sabéis qué? Me da la impresión de que he exprimido poco este sitio. Creo que la carta es lo bastante juguetona, y yo lo bastante arreu como para haberme olvidado de algo. Al final salimos a 88 pavos entre 5, y mira que pedimos. Salimos a 17,6€

Maldita sea, tengo que volver, y os lo tengo que recomendar porque cené muy a gusto. Valkirias de okey para Leipzig. A todo esto llevo varias semanas llamándolo Liezpig.

Goza de amplio aparcamiento.

www.leipzigbar.com

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