LAMALDO

C/ Literato Azorín, 17

Hace unos meses, alguien de Lamaldo escribió en el Facebook diciendo que cumplían todas las premisas del blog y que fuéramos a hacerles una visita. Por suerte, he visto bastantes películas de Eddie Murphy como para saber qué hacer si quiero pasar deapercibido, así que me disfracé de mujer negra, mayor y gorda. Coincidió que el domingo estábamos por Ruzafa y ellos estaban abiertos, así que nos dejamos caer.

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La primera impresión fue buena porque estaban llenos, pero nada más sentarnos, el camarero nos avisó de que les faltaban bastantes cosas porque no esperaban tal llenazo un domingo.
Pedimos las croquetas de pato confitado, la coca de queso de cabra, una ensalada y otras movidas que ahora os cuento. Las croquetas muy okey,  textura perfecta, tal vez demasiado sabor a bechamel (ya sabes, bechamel mucho), pero sin duda interesantes. La coca de queso de cabra era casera, imagino que hornean ellos la masa. Llevaba el queso, cebolla caramelizada y piñones. En este caso me ahorré el probarla, porque como ya he comentado en alguna ocasión, el queso de cabra da más asco que los anuncios de Spotify, y sabe ¿a… ? Exacto, plastilina con mierda, así que le hice un poquito de slalom, pero mis colegas se la comieron bastante a gusto y me fio de su sabio criterio. Sí que probé la masa, y recordaba a las esquinas de las empanadillas.
La ensalada llevaba jamón, tomates cherry y virutas de parmesano. Honestamente diré que no vale nueve pavos, pero está buena.

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Luego nos lanzamos a topor a lo cárnico, pedimos unos solomillos con ajetes y un curry de pollo. Los solomillos iban acompañados por patatitas cortadas por la mitad. Muy tiernos, muy suaves, precio correcto. Cualquier carnaza con patatas y ajetes es siempre un acierto.
El curry, pues trozos de pollo flotando en salsita espesa, posiblemente a base de leche de coco sutilmente picante, y con sus hojazas de cilantro por encima. Very Thai.
Según pasaba la cena, iba cayendo la botellita de vino blanco y todo iba mejor, juraría que hasta la estufa-champiñón esa a butano que ponen en las terrazas empezó a guiñarme el ojo.
De postre ofrecieron carrot cake y algo relacionado con el Idiazábal, pero finalmente nos decidimos por el volcán de chocolate, que llevaba unos piñoncillos tostados por encima. Inexplicablemente en la carta aparece como “pastel de chocolate”, pero doy fe de que es un coulant.

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64,70 pavetes entre 4, a 16,20€
Me parece un precio muy correcto para cenar con vino y cerveza, también es verdad que no nos pasamos pidiendo. Creo recordar que en ese mismo local hace unos años hacían sushi y pegaban unos clavos de miedo, sin duda ha ido a mejor. Un okey claro, con sobrevuele de interesancia. Si acaso, por poner un pero, metería algún plato más original, todo está bueno, pero cocas, tempuras y tartares son fáciles de encontrar por la zona.
Goza de amplio aparcamiento.

lamaldo.es

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