L’Alquimista

C/ Lluis Santángel 1

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Xics, hoy y sin que sirva de precedente voy a saltarme las normas, pero creo que lo hago por una cuestión de ética. Es como cuando cruzas en rojo, pero es para salvar a un niño de ser atropellado. Voy a recomendaros un sitio de más de 20 euros, pero es que es algo que merece ser compartido y además, como ya hemos sobrepasado los 600 likes, pues para celebrar, pero sólo hoy.
¿Conocéis L’Alquimista?
L’Alquimista está enfrente de lo que era el ABC Martí, y es un sitio donde básicamente hacen una pasta fresca que haría que Giovanni Rana se pasase a la acuarela. Tienen carta, pero la gracia del lugar es el menú degustación, que vale unos 18 pavetes, y consiste en ir sacando sartenes de pasta hasta que tú te rindes. Es por ello que comer en L’Alquimista es parecido a ligar con un travelo tailandés…seguramente acabes más relleno de lo que esperas.
El sitio es minúsculo, tienen solo 4 mesas, por lo que es obligatorio reservar, o sea el día que sea te comerás un mojón. Esta vez fui con mi amigo Juanma, famoso por poderse comer un gitano sucado en Nesquick después de una boda, porque me gusta rodearme de gente pro.
Así que llegas, Nicola te sienta y empieza el desfile. Normalmente sacan tres o cuatro entradas antes (no vaya a ser que te quedes con hambre) y van variándolas cada poco tiempo. A nosotros nos tocó la piadina de porchetta, el tartar de potro con chile, y unas sardinas.

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La piadina es más o menos un standard, la sacan siempre con distintos rellenos, aunque a mí, la porchetta me flipa. Es como un rulo de cerdo gigante especiado, asado durante un porrón de horas, atopor de jugoso.
Las sardinas no las había probado nunca, están como maceradas en vinagre, y van con unas pasas, unos piñones y cebolla. Diría que sumamente okey. Y luego, bueno, el tartar viene montado sobre tomate y lechuga rizada,  levemente picantito por los chiles, también tienen otro de buey con pera y uno, que a mí me sulibella por demás que es el de aguacate.
Bueno, total, te acabas los entrantes y te ponen una sartén de pasta en el centro de la mesa, la que ellos quieren. En este caso empezamos con un falso risotto (falso porque era de pasta) de setas, maldita sea, acojonante, con una salsa espesa y parmesano por encima.
Terminamos con esa sartén, sacan la segunda, capelleti rellenos de queso con salsa de jabalí. También con salsaza, se nota que winter is coming y están empezando con las salsas de caza. Nos abrasamos la lengua de pura impaciencia, y rebañamos el jabalí cual Obélix en una despedida de soltero.
Nos preguntan si queremos otra, la leyenda cuenta que un equipo de rugby llegó una vez hasta la séptima sartén. Respiramos hondo y asentimos, porque es lo que habría hecho John Mc Clane.

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Pasta con tomate natural y mejillones, esta vez nos aconsejan no ponerle queso. La atacamos con dureza aunque yo empiezo a ver borroso después de esta sartén. Se acerca el camarero.
-¿Otra?
Yo miro a Juanma que acaba de soltarse un botón del pantalón, lo que quiere decir que va a jugar duro. Achino los ojos a lo Eastwood para asegurarme de que sabe lo que está haciendo y nos miramos intensamente. Primera gota de sudor.
-Otra.
Stuzzicapreti con bacon, nata y rúcula. Pasta gruesa, nata a full, límites de mi estómago que permanecían ocultos están ahora en tensión. Logramos terminárnosla a sabiendas que que acabamos de hipotecarnos la tarde.
-¿Otra?
Miro a Juanma alarmado.
– No…no puedo más…sigue tú sin mí…dile a Molly que no podré llevarla al baile…
-Vamos, puedes conseguirlo, no te dejaré solo, estamos juntos en esto.
Las bombas de hidratos estallan a nuestro alrededor, los tortellinis nos sobrevuelan, apenas me mantengo consciente, la gente se ríe a nuestro alrededor a cámara lenta y en blanco y negro…hace frío, veo una luz…
-Otra.
Tagliatelle con pesto y judías verdes, otra puta delicia.
Por suerte tenían otra reserva a las tres y cuando llevábamos la mitad, agradecieron llevársela para traer el postre.

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En los postres suelen traer tarta de manzana, de queso, y un hit, que es la crema de mascarpone. La traen servida como en una de las sillas huevo de Men in black, y bajo la crema hay dos galletas crujientes hechas de ambrosía del páramo.
Bueno, para ir cerrando os diré que tienen dos turnos, a la una y a las tres, y que obviamente, si no quieres ir con prisa, mejor pillar el de las tres, porque si no, a menos cuarto es posible que te lancen un Hadoken mortífero en la junta del occipital. Un par de cafeses en el barril de fuera y arreando.
Con las bebidas y tal, fueron 51 entre dos, a 25 y medio. Me he saltado las normas por esta vez porque creo que merece la pena.
Tengo que otorgarle un golden okey de las grandes leyendas, y comentaros que goza de amplio aparcamiento.

¿Qué dices, nano?