La vida es bella

Había oído hablar bien y mal a partes iguales de La vida es bella. Si te metes por la calle Mistral, que es la que se mete hacia Beni desde el bar Toni de las vías, te encuentras justo antes del Milar con un patio de esos con arbolitos. Hace años era (la casualidad) el patio de Mistral, pero ahora se ha convertido en un sitio chulo y modernete. El patio tiene sus mesitas, sus luces colgantes, su maderita, todo muy acogedor.

La carta en principio promete, no es muy amplia pero parece que todos los platos tienen su cosa. Hay tres ensaladas, como cuatro o cinco tapas, en total no tiene que haber más de quince platos. Arrancamos con las bravas con ajoaceite de albahaca y parmesano. Hablamos de pataticas baby, de las de arrugar para hacer mojo picón. La salsa, efectivamente es un ajoaceite verde, con albahaca y sabe a las dos cosas. También hay lascas grandes de parmesano, y unas pequeñas migas de pan frito. No hay nada en ese plato que no engorde, salvo la cerámica del plato. Pero claro, todo lo que engorda está bueno, eso es así. Pataticas bien, pataticas funcionando.

Luego pedimos una tosta de bonito con rúcula y pan de masa madre. Masa madre significa sin levaduras, no necesariamente ni más sano ni más bueno. En mi cabeza siempre que oigo masa madre me imagino al increible Hulk con un moño diciendo…como vaya yo y lo encuentre…En este caso la ventresca estaba muy rica, el pan tostadito y todo funcionaba en perfecta armonía. Nunca he sido muy fan de las tostas porque pienso que son un medio bocadillo, pero esta es guay.

Tataki de presa de Angus, la idea es buena pero se va liando. El tataki es una forma de preparación, que básicamente consiste en marcar una carne o un pescado muy poco, dejando el centro crudo. ¿Qué pasa? Que para que eso funcione, el producto tiene que ser la hostia. En este caso la presa tenía muchísimo nervio, estaba muy dura. Mis colegas y yo le dimos caña sin piedad pero al cabo de un rato, los platos estaban llenos de bolas de carne masticadas que no habíamos tenido huevos de tragar. Aquello no se lo comía ni un T-rex en ramadán. Que dureza, que chiclosidad más mierder. De hecho mira que las fotos que hago siempre son malas, pero aun así se ve. El plato viene con dos salsas, pan y unas verduras crudas por debajo. Una salsa es como de pimiento rojo cortado a daditos, amalgamado con algo, la otra es picante y tiene un rollete asiático que mola bastante. Luego hay dos tortas de pan, una hinchada y hueca y la otra plana un poco dura. No aporta demasiado, es como el PP en Cataluña, está un poco ahí por estar, pero bueno. Lo mejor, ya te digo, la salsa picante.

Calamar con wakame y calabaza…bueno, la presentación es discutible. Realmente es como muy colorido, pero a mí me pareció “Hola, soy Carlitos de 4ºC, y este es mi trabajo de plástica con témperas La Pajarita”. El plato está bien, el calamar un poco crudo, pero aceptable. Tal vez el alga debería tener un poco más de protagonismo, pero estoy hilando fino, no me hagáis ni puto caso. La calabaza también pasa bastante de largo.

Bueno, nos ofrecieron postre, pero dos no queríamos y uno sí, y no tuvo cojones a pedírselo solo. A veces la vida te golpea duro. Salimos a 47,10 entre 3. A 16 pavetes.

Pfff…bien, no sé. A mí el sitio no me pareció ni tan malo como me dijeron ni tampoco para tirar cohetes. Es un sitio mitad tabla, para cenar a gustete en la terraza en verano, o tomarte una cervecita con algo. Las raciones eran abundantes, los precios bien también…funcional.

Vamos a darle un okey si pasas por allí, y a recordaros que goza de amplio aparcamiento.

¿Qué dices, nano?