La Pitusa

Carrer del Pare d’Orfens, 4

963 91 12 19

Oye, ¿y si os digo que ayer estuve en la calle Pare d’Orfens? Pues seguramente no os suene, pero si os digo que es la plaza donde estaba Casavella en el Carmen, igual hasta habéis vomitado por allí. Pues resulta que hay un par de locales interesantes en la zona, uno de ellos la Pitusa. Para hacer la cata, me acompañé de un selecto grupo de gourmets, en el cual destacaba mi amigo Ángel, que insistió en darle el aprobado al sitio nada más sacarnos las olivas (por cierto, olivas muy okey). La carta es de esas que parecen un cuaderno Rubio, como la de El Secreter, y la decoración tiene un algo interesante, a destacar la columna en la que puedes cargar tu móvil mientras cenas. Para empezar pedimos la ensalada de espinacas, tomates cherry, tomates secos, alcachofas en tempura y vinagreta HULK. Y, ¿qué es la vinagreta Hulk? ¿Se llama así porque es verde? ¿Porque es fuerte? ¿Porque es radiactiva? Pues ni puta idea, porque básicamente era vinagre con pipas. Las alcachofas en tempura eran en conserva, seguramente de bote, como el rubio de Ylenia, aún así el conjunto no era malo.

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Luego sacaron las patatas rellenas. Pedimos la salsa de gorgonzola aparte, porque a mí el gorgonzola me sabe a ojete de maratoniano turco. Imagina una especie de croqueta plana de puré de patata rellena de bechamel con carne y rebozada. No estaba mal, eso sí, el rebozado estaba blandurrio. De momento el sitio es correcto pero no me cambia la vida. Sacan las croquetas, cuatro en total, de cocido, de jamón, de calamar y de gambón. Excepto la de calamar, que pasó bastante desapercibida, el resto eran interesantes, grandes y fuertes de sabor. En la de cocido se distinguía morcilla, y puede que tocino.

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Tambor de berenjena carbonizada, cubierto de jamón de Guijuelo con torrija de pa amb tomaca. Bueno, he de reconocer que esto me llamó la atención. El tambor de berenjena es una crema, de hecho, es como baba ganug con un sabor a ahumado bastante intenso y agradable. Encima ponen unas lonchas de jamón, y al lado la torrija (sin azúcar, que conste) con tomate rallado por encima. La cena va saliendo reforzada. Luego pedimos un sandwich pitusero con gambón tempurizado, mayonesa de soja, tomate, lechuga y creo que algo de wasabi o chili dulce o algo así. Es un sandwich de tres pisos con pan muy fino. Viene partido en cuatro sobre un cuenco de patatas fritas del tamaño de Arizona, de hecho, lo traen en el mismo recimpiente que la ensalada. Aquí el camarero tuvo un detalle, cuando vio que nos estábamos pasando de pedir, nos frenó, y realmente hizo bien porque los últimos bocados del sandwich entraron como Bertín Osborne en un mitin de Podemos, muy a malas. De postre, el camarero nos sugiere una tarta de chocolate y galleta María. No es la clásica que se hace cuando eres pequeño en plan galleta-chocolate-galleta-chocolate, o tal vez sí, pero enfocada de otra manera. Clásico postre que te quieres acabar aunque a día siguiente te odies y comas hervido.

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Bueno, nos invitaron a un café y a la mistela, 78,20 entre 4, a 19,55€, en el límite. Realmente la cena empezó abajo pero fue subiendo, además el camarero estuvo muy atento y también nos indicó que todos los fines de semana tienen algo fuera de carta. Es cierto que hay que ir un poquito en equilibrio con el precio, pero si vas a base de tapas, no habrá problema.

Okey estándar, con gozada de amplio aparcamiento.

lapitusarestaurante.es

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