La Oveja Negra (Revisited)

Mi abuela era una tía moderna. Una vez estaba intentando cocinar algo en su casa, una salsa o alguna movida así, y le pregunté – Abuela, ¿tienes ketchup? imaginándome que me iba a decir que no, porque mi abuela era muy de pucheros  y platos viejunos. El caso es que me dijo que sí, y me sacó una botellita sin desprecintar. Cuando le pregunté para que lo gastaba me dijo – Para nada. Lo compro por si tú me pides. 

Bueno, toda esta intro para explicaros por qué mola tanto La oveja negra. Mi abuela compraba una serie de movidas que no usaba, sólo por si alguien las quería (en plan soja, chocolatinas…), y en La oveja cocinan como cocinaría tu abuela si fuera moderna. ¿Cómo prepararía un yakisoba de atún, o sea…si supiera lo que es? Pues como lo prepara Javi. 

Cada maldita vez que he ido (y ya son varias) tienen como cinco, seis o siete platos fuera de carta. Literalmente puedes ir cada día durante meses, cenar copiosamente y no repetir plato. No es algo que se vea mucho por ahí. El caso es que está junto a los Babel, así que digamos que sales del cine y te acercas curiosamente. El local es un pasillo largo, y al fondo está la barra con el logo de Guinnes flotando que todo el mundo toca como si nunca hubieran visto un imán. Seguramente se te acercará Javi y con su arenosa voz a lo Rod Stewart te preguntará si vas a cenar. Entonces tú te sientas, pides una jarra de ribeiro de barril, y empiezas a entender cómo funciona el universo. El ribeiro es un vinate casi dulce entre un blanco y un cava, de esos que entran más fácil que una tronista en Interviu. Pero ojo, no es ni una cosa ni la otra, descubrirás lo que es cuando intentes levantarte. 

Pedimos las albóndigas, una quiche de atún y espinacas, un surtido de ensaladas, y un secreto con salsa más secreta. El surtido es una movida que no está en carta pero que se puede preparar como cosa especial. La nuestra llevaba un poco de ensalada alemana (salchicha, mostaza, cebolla y patata) , un poquito de cuscús de verduras, y otro poco de una ensalada de arroz con rúcula y pipas y aceitunas, todo como microtroceado. Muy fresquito todo, muy variado. Voló deprisa, y yo volé de él. 

Quiero hacer un poco de hincapié en las albóndigas. Llevan una salsa a la cerveza Guinnes, y es una de esas salsas que se pueden beber en baso de cubata. No existe pan en este mundo que pueda abarcar todo el suque que yo le meto a esa salsa. Una vez estaba yo sucando y me llamaron de Panaria para decir que habían tenido que empezar a vender panderetas por falta de existencias, que habían roto stock. De ese tipo de suque estamos hablando. Además lleva cebolla y zanahoria y abrazos de mañana de navidad. Del secreto y de la quiche tampoco os voy a contar demasiado porque no estaban en carta, entonces os voy a poner los dientes largos y a lo mejor cuando vayáis ya no están. Pero vamos, lo que os he dicho, ambas perfectamente las podía haber hecho un familiar tuyo con amor el día de tu cumple. La quiche estaba tibia y doradita. Venía en rectángulos, no en porciones triangulares, y llevaba atún y espinacas. La salsa secreta del secreto llevaba…bueno…no, si lo dijera tendría que mataros. 

Como bonus fuera de concurso, cuando estábamos acabando llegó un colega hambriento. Ángel está más fuerte que un supositorio de Vicks Vaporub, así que se pidió proteína, carnaza purapara mantener esos pectorales arriba. Recuerdo que le pidió a Javi “carne” sin especificar, lo que le podría haber avalado para sacar…no sé…un cocodrilo muerto, pero en su lugar sacó un filete de corte argentino trinchado. 

De nuevo hincapié en el postre. No sé si has probado alguna vez la tarta de chocolate blanco, pero te diré que si fueras un notario playboy millonario con el rabo como una maza de mortero, deberías envidiarnos a todos los que lo hemos probado, porque tu vida no vale nada en comparación. Es una barbaridad. Aparentemente es un cuadradito blanco sin pretensiones, pero esconde un dulzor de lujuria galáctico que te va a completar como persona. 

Llegados a este punto, pedimos tres cortados y la cuenta, pero entonces sacaron un pedazo de papel con una cifra ridícula y pensamos que era el ticket de la ORA o algo así. 62,45E entre 5, contando el filete de mi colega. Salimos a 12,49 y nos invitaron a mistela. Y como dato os aportaré que el vaso de la mistela tenía un mexicano durmiendo en la base. 

Nanos, ya está. Yo no puedo decir nada malo de este lugar, a lo mejor no hacen  virguerías como en otros sitios, pero siempre acabo volviendo cuando quiero quedar bien con alguien. Además tienen una guitarra en la pared por si algún desaprensivo quiere rockear hasta altas horas. Larga vida a ellos.

A tope de okey máximo y goza de amplio aparcamiento

¿Qué dices, nano?