La feria del vino

Amics, una vez al año acontece en Valencia DF el evento que todos los alcohólicos aficionados esperamos con ansia. Igual que en el rocío la gente corre para trepar la verja y sacar a la virgen, yo corro para trepar la de la feria del vino que montan en el cauce del río. Pero ah, este año la he acabado con bajón, no ha molado tanto como en ediciones anteriores. Ya es como aquel grupo indie que te molaba y de repente sale en lo de Maria Teresa Campos y se te jode para siempre. 
Llego el primer día y junto al tomate gigante que hay en una de las entradas, estaba una de las casetas de venta de tickets. La cola para comprar tickets era absurda, en serio, como si dentro hubiera un concierto de Alejandro Sanz con animadoras lanzando cocaína con catapultas. 
Yo nunca compro tickets. Caí hace unos años cuando valían 10 pavos, y con ellos te daban 4 copas de vino y 4 raciones de comida. Ahora valen 15 y te dan 5 y 5. El tema, es que en algún punto del camino, alguien descubrió que llevándote un vaso de casa y yendo con tres o cuatro colegas, comprarte las botellas sueltas salía mucho más a cuenta…y ese fue el principio de la debacle. El armaggeddon.


Si llevas unos cuantos años pasándote por allí, aunque sea de manera puntual, habrás podido observar como la mostra ha ido derivando de lugar donde se catan vinos, a botellón legal. Cuando llegas temprano, digamos a mediodía, aún hay algún entendido apreciando como se abren los taninos y los matices en nariz. A partir de las siete de la tarde, la gente ya empieza a trepar a las farolas, a mear entre las casetas y a hacerles Mortadelos a sus madres. 
Uno de los greatest hits de este año, junto con el Ximo Bayo de cartón, ha sido el vino este rosa o azul que parece que lleve una nube dentro (entendamos nube por la forma romántica de decir una corrida flotante). ¿Lo habéis probado? Sabe como a jarabe dulce, como si mezclaran Listerine con lambrusco y sacarina. 
El tema de la comida también ha ido decayendo bastante. Con los tickets te dan una cazuela de barro (que va a acabar en tu casa de cenicero) que te van rellenando con raciones de embutido por las distintas casetas. También hay alguna en la que tienen dulces, una que tiene productos de horno (empanadillas entre 80 centimos y 2 pavos), y un par en las que hacen hamburguesas y bocatas de embutido, que son realmente las que te salvan la vida, la tabla a la que se agarra Rose en Titanic. Lo idóneo si quieres sobrevivir a la tercera o cuarta botella es, o bien llevarte el bocata de casa, o bien hacer la cola hasta que llegas a la hamburguesería. Hay una opción C que es la paella. Hay una caseta en la que hacen paella y entra como dios, pero claro, es paella de esta gorda hecha masivamente en plan comedor de colegio. Pero vaya, hace una buena base para aguantar hasta la merienda. 
Los vinos tampoco están más baratos de lo que los encuentras en tienda…en fin. Me molaba mucho ir por el tema social, te encontrabas con colegas, compartías unas botellas, pero ya se nos ha ido de las manos.

Así que bueno, yo no sé si volveré el año que viene (mentira, caeré como todos los putos años), pero si tenéis que ir, recordad:

  • Los tickets caca, salen más caros, y la comida que dan a veces es de partirse el ojete, en plan,,,tres tostaditas de pan tamaño euro untadas en paté, o dos minifuets. Llévate un vaso del chino y pilla botella suelta y bocata suelto.
  • Ve pronto y escápate pronto. En cuanto anochece, esa mierda parece The walking Dead.
  • Ten claro que la banda que sea, el día que sea y a la hora que sea, va a tocar “No puedo vivir sin ti” de Coque Malla.
  • Vas a encontrarte con todas las personas que conoces desde que hiciste la comunión, y algunas previas.

Realmente no goza de amplio nada.

¿Qué dices, nano?