La Bobal

Bueno muchachos, anoche hicimos una incursión en La Bobal. Fue una cosa un poco sin pensar, esto que buscas algún sitio que te quede cerca y en el que no hayas estado y dices…pues aquí, venga. El local está en Justo y Pastor, muy cerca de La Salud, casi haciendo esquina. Lo primero que debéis saber es que hay un engendro mortal en la puerta, una mierda de esas que se cuelgan y hace ruido cuando entras como buscando en efecto zen. Normalmente es un leve tintineo, pero en este caso es como un cencerro de ñu que nos pegó susto al entrar y al salir. Tras reponernos de ese objeto maligno, pedimos el menú a ver de qué iba el sitio. La carta no está mal, pero se basa en un porcentaje muy elevado de quesos, en plan, página uno: crujiente de pasta filo con queso de cabra,  tortitas con camembert fundido, queso de oveja reserva, mousse de pato con queso de cabra…etc.

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Por fortuna tienen un menú que van cambiando quincenalmente, y el de anoche no estaba mal, excepto por…unos chupitos de queso de cabra. Los que leéis habitualmente el blog ya debéis saber que el queso de cabra es mi némesis, y que me sabe a plastilina con mierda. El tema es que el camarero (muy amable, con cierto aire a Phil Collins) era el turbofan del queso de cabra (lo que de alguna manera también explica la carta) e intentó convencernos sin éxito ninguno, de que probáramos el chupito. Al final desistió y nos lo cambió por unos montaditos de guacamole con jamón.

Bueno, a lo que voy, el menú de La Bobal constaba de: Chupito de crema de queso de cabra con pimiento y crumble de anchoa, Ensalada de crujientes con pechuga y vinagreta de miel y mostaza, revuelto de setas y boletus con aceite de trufa y jamón, cazón marinado con mayonesa de wasabi y chipirones en su tinta, y secreto ibérico con chardonnay y patatitas. Luego postre, la bebida aparte, esas cosas.

Empezamos con los chupitos y los montaditos. Los atrevidos que probaron el queso de cabra dijeron que estaba muy bueno, pero que, efectivamente, sabía mucho a queso, lo que hubiera resultado letal para los detractores. También comentaron que el crumble de anchoa deja un sabor muy agradable al final. Los montaditos, pues bueno, jamón serrano con guacamole, tampoco ninguna locura, es un sabor que ya conoces.

Después, Phil llegó con una ensalada generosa. Puedo decir algo muy positivo de esta ensalada, estaba rica y además era como muy casera. Los trozos de pechuga de veía que eran trozos de pechuga y no mierda congelada, la vinagreta era casera y no de bote, y luego había abundantes frutos secos repartidos por ahí. También alguna almendra garrapiñada y unas cintas de zanahoria por encima. Se la veía como con mucho color, muy graciosa. Ensalada guay. El siguiente paso fue el revuelto de setas, que me dejó un poco igual. A ver, está bueno, pero ese revuelto te lo has hecho tú en casa cuarenta veces. Taquitos de jamón, las setitas de temporada (que no sé cuales son, pero vaya, champiñón tenía) y chorrete de aceite de trufa, todo ello servido como en una oblea que hace de bol. Bien, nada, correcto, como cuando echan Grease o Pretty woman por la tarde y te quedas a verla, no hay sorpresas.

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Luego el cazón y los chipirones. Los sirven en dos vasitos distintos. A grosso modo los chipirones estaban muy ricos, pero con la salsa un poco líquida, el cazón correcto y a la mayonesa se le notaba poco el wasabi, pero eso es a gusto de cada uno, a mí es que me mola hard. El cazón venía rebozado (rebozado okey, poco aceitoso) y los chipis con la salsa y perejil picado por encima. Nada que tambaleara los cimientos de mi mundo, pero estoy cenando a gusto. Por cierto, el sitio vende miel y vinos. Al echar un vistazo a la carta ves enseguida que son fans de los vinos, también ayuda que el sitio se llama La Bobal, hay que atar cabos y yo leía las aventuras de los cinco. Nosotros nos pedimos un Mala Vida a 13 pavos.

Ya empezábamos a estar llenetes, pero quedaba el secreto. Este plato nos supo mucho a jamón, creo que la salsa lleva hueso de jamón o algo así, pero era claramente un sabor predominante. Trocitos de secreto, con una montañita como de patata machacada con unas pasas por encima. El chardonnay estaría debajo de la oleada de jamón. No me cambió la vida tampoco. De postre, el bueno de Phil nos ofreció varias frutas, o unas tartas caseras. Elegimos el flan de calabaza, dos tartas de chocolate y una de queso, y ganó por goleada el flan de calabaza. La tarta de queso okey y las de chocolate un poco de cumpleaños.

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79,50€. 16 el menú, 13 la botella de vino, una agua y (oh, sorpresa) dos pavos sutiles de pan, a 20 por cabeza. A ver, el sitio es normalete, tienen buenos vinos, mola que cambien el menú y la comida está buena, pero es poco arriesgada. Puedes comer casi cualquiera de esos platos en un bar de menú, salvo los chupitos y lo del wasabi. No sé, pasaos si estáis por la zona, pero no esperéis abrazaros entre lágrimas. Ojo con el cencerro.

Goza de amplio aparcamiento.

¿Qué dices, nano?