La Blasca

Ye xics, voy a hablaros de un sitio nuevo. Hay un lugar en Blasco Ibáñez. A la altura de los helados Argentinos, donde hay uno de esos bares malditos que abren y cierran constantemente. Hace tiempo era una pizzería-pastelería llamada Indalo, luego fue un restaurante filipino que duró menos que una puerta en Hermano Mayor, y ahora es un sitio modernete con mucha madera que se llama La Blasca. El sitio es bastante grande, tiene terrazón y mucho espacio por dentro. En cuanto a decoración ya os digo, maderita, bombillas de estas tochas colgando del techo…has visto muchos sitios parecidos. Nada más entrar a la izquierda está la barra, y ahora han puesto pinchos tipo Carabasser. De lunes a jueves si te pides unas cerves te los ponen gratis, pero también puedes elegir cenártelos pagando.

Bueno, a lo que voy. La camarera, una chica muy amigable de pelo azul que sistemáticamente nos llamaba “cari”, nos trajo la carta y unas copas de vino (tinto helado). Mientras esperábamos a nuestro colega nos trajo también un par de corteses montaditos. Uno llevaba queso de cabra y mermelada de tomate, y el mío llevaba brie, lechuga y una mini hamburguesita. A ver, un detalle es un detalle y se agradece, pero no estaba bueno. La carne estaba fría y sabía raro. No sé si era potro, o llevaba demasiado tiempo en la barra, en plan el pincho que nadie elige para el equipo de futbol, pero aquello sabía revenider.

Pedimos los tacos de carrillada, la ensalada cajún, dos croquetones, fajitas de pollo a la menta-curry, y una tosta de solomillo con foie. Llegaron los tacos lo primero.

No son tacos en plan taco mexicano, es más bien como carne desmechada de carrillada, rellenando una especie de creppe de pasta frita y cortado en trozos. Lo sirven con una salsa que nos preció calabaza o zanahoria o algo así. Dentro de la carne hay también trocitos de pasa, lo que todavía potencia más el dulzor. Estaba rico sin ser ninguna locura.

La ensalada cajún llevaba lechugas de puta bolsa, bolitas de mozarella (de vaca), zanahoria rallada, tomates cherry y nueces. El rollo se lo daba el pollo, que llevaba una mezcla de especies supuestamente cajún en la que predominaba un puntito de pimentón. También llevaba un aliño de miel. En este punto de la cena nos percatamos que desde que hemos entrado está sonando reggaeton, y ya han sonado Despacito y Súbeme la radio. Va a costar remontar esto.

Llegan los croquetones. Tamaño bola de árbol de navidad, grandotas y redondas. Al partirlas se produce este efecto en el que el rebozado se queda como duro y el relleno no llega a llenar la bola. El sabor era casero, pero el efecto era bastante industrial. No molaron en exceso y se quedó media en el plato. Next.

Las fajitas de menta-curry fueron curiosas porque: uno, no sabían ni a menta ni a curry, y dos, el pollo era sospechosamente parecido al de la ensalada cajún. Todos tuvimos un poco la sensación esa de cuando vas al circo y el domador luego es el equilibrista y también el que lanza cuchillos…¿reutilized? Bueno, el pollo en cuestión iba sobre una base de cebolla morada y pimiento, y tal vez algo de chile pochadito todo. Lo sirven con cuatro tortillas de fajita al lado para que manufactures. Estaban buenas, pero creo que si el plato se vende como curry menta, la gente esperará que esos sean sabores encontrables.  A estas alturas ya íbamos por el reggaeton lento, de esos que no se bailan hase tiempo.

Ya estábamos bastante llenos, y cuando nos habíamos olvidado de ella, la camarera apareció con la tosta de solomillo. El pan es de barra, y el solomillo está okey, lo que no me moló un duro fue el foie. Era rollo rodaja de chorizo, es de ese que parece una barra de paté, y tú vas cortando. Es cómoda para compartir entre dos, pero un poco escasa para tres. Aceptable. Al acabar nos ofrecieron chupitos, y también quería comentaros que hay un vecino masturbón que se dedica a echar cubos de agua de vez en cuando, pero no pasa nada porque su balcón no da a la terraza y caen en la calle, jodiendo a la gente que pasa en bici. Hay gente con una hostia muy gorda.

Bueno…¿qué hacemos con este sitio? ¿Hoguera? ¿Gloria eterna? Pues ni una ni otra, porque la cuenta salió a 42,50€, ni a 15 pavos por persona. Por ese precio, la calidad de la comida era más que aceptable. Si la cena hubiera salido a 20, yo mismo habría liderado una marcha con antorchas como las de los Simpson, pero reconozco que salimos llenos, y con la sensación de haber pagado lo justo. Sí que es verdad que hay algún plato que se pasa de pretencioso, pero creo que es guay para cenar con varios colegas en plan muchedumbre. Vamos a darle un okey moderado, y la esperanza de que dure más que sus antecesores malditos.

Goza de amplio aparcamiento.

¿Qué dices, nano?