Hikari

Bueno, lo de ayer fue de traca. Resulta que la mítica Pérez, tras perjurarme que el próximo local lo elegía yo, me hizo la del pacto con Ciudadanos y me llevó al Hikari. ¿Qué es el Hikari? Pues mira nano, no sé si habéis estado en el Nozomi, que es el sitio ese de sushi de puta madre que está por Ruzafa al lado de la Tora. El caso es que los dueños se ve que han hecho más pasta que un torero y han abierto otro restaurante “low cost” en plan barra japonesa a dos calles de allí. El concepto es el tapeo japonés, prácticamente todo brochetas y cositas de comer con la mano. No tienen teléfono y no aceptan reservas, que eso ya es arrancar en quinta.

El caso es que a las 20:30 ya estaba yo en la puerta para pillar sitio. El sitio es precioso y los camareros agradables, todos con su kimono. El techo con lamparitas de papel, mucha madera, y a la izquierda nada más entrar, la barra con la plancha y la movida para brasear. Hasta aquí todo okeil.

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La carta se lee como en vertical, y básicamente es un 90% de brochetas y unos entrantes. Tienes tres o cuatro de pollo, tres o cuatro de pescado, cerdo, verduras, esas cosas, y luego acompañamientos (arroz y sopa miso) y unos cuantos pinchitos especiales. La jovial camarera nos dice que pidamos tres o cuatro porque no son muy grandes (léase a cámara lenta).

Empezamos pidiendo gyozas, bolas de pollo rebozado y judias edamame para empezar. Y bueno, os diré que las edamame están un poco en el mundo porque tiene que haber de todo, porque no saben a nada en particular. Se supone que estas eran picantes (no picaban) y bueno, llevaban sal gorda…es un poco como las pipas de calabaza. Vas comiendo y tal, vas pelándolas, te entretienes, pero no aportan demasiado. Prescindible. El pollo en cambio estaba de cojones máximos. El rebozado llevaba jengibre, era ligero y sin gota de aceite, el pollo sin hueso, todo perfecto. Lo traen en unas cestitas de estas de madera de hacer las cosas al vapor, sin duda un plato a probar. Cuidao que queman.

Las gyozas bien también. Caseras, lo que ya les aporta un punto por encima de cualquiera de las que te arrean en un chino barato. De carne y con su cuenquito de soja para dipear, pero espérate que ahora viene cuando la matan.

Pedimos entre tres y cuatro pinchos por persona, excepto una de las chicas que vino, que es madre salidora y se come siempre un ñu relleno de pisto, que creo que pidió otro. En mi caso fueron: vieira con bacon, especial de pollo con yema de huevo, costilla de cerdo y pulpo.

Mi favorito fue el de pulpo, el de pulpo sabía a sonrisa de bebé foca, a lunes de vacaciones y a derrocación de dictadura norcoreana. Era un toque a brasa, y como a especias desconocidas la mar de interesante, pero ojo…3,80 la brocheta y venían tres trozos finitos de pulpo, a casi 1,30 el trozo. Sin acompañamientos ni hostias ¿eh? Just pulpo. De acompañamiento pedimos un bol de arroz blanco. En el momento en el que vi el tamaño y calculé mentalmente que en ese plato habían 19 pavos de pulpo, y que el baremo peso-precio era superior al de la farlopa boliviana, supe que estábamos perdidos.

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Más tarde llegaron el resto de brochetas. La de costilla y la de vieira eran un poco lo que me esperaba. Buenísimas las dos, eso si. La de costilla (deshuesada) con una salsita de esta que se te queda pegada a los labios, como de barbacoa pero con algo de soja, dulce, no sé…muy rica. y la vieira con bacon, pues eso, vieira envuelta en bacon. ¿Sabes los dátiles con bacon? pues con vieira. Bien. Ambas dos de tamaño escasito.

Lo más interesante para mí fue la albóndiga de pollo con yema. El conceptum es una albóndiga ensartada en dos pinchos, acompañada de un cuenquito de soja con una yema de huevo cruda. Tú con los palillos lo bates, creando una salsita muy okey, y vas sucando la albóndiga. Me llamó más la atención por el jugueteo que por lo demás. De postre, pedimos una brocheta de fruta porque solo dos querían dulce. Te sacan una brocheta con piña y plátano a la plancha, con una bola de helado y lo que parece un almíbar.

Y bueno…llega el momento de pedir la cuenta, y aunque yo tengo más hambre que el que se fue a la isla de los famosos con un Biomanán, me sacaron nada menos que 146 pavazos entre 5. Con el bebé 6, pero él no pagaba.

¿Qué me estás contando nano? ¿30 pavazos? ¿Estamos locos? ¿30 pedazo de pavos lo que me he comido? Estamos hablando de una gyoza, dos trozos de pollo, cuatro pinchos y las judías insípidas, eso fue todo lo que cené. Vamos a ver, con todo este tiempo de blog se me ha hecho el culo bastante laxo y comprendo cosas que antes no comprendía. La calidad de la comida es buena, el entorno es muy chulo, pero nano…que salí con hambre, que me podía haber ido a cenar otra vez muy tranquilamente.

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No lo recomiendo, para qué nos vamos a engañar. Supongo que está dirigido a otro público, pero tío, que las brochetas vienen solas sin acompañamiento, y que si quieres dejarte menos de 20 pavos tienes que cenar 3 brochetas y un vaso de agua. Nada. A volar.

146 entre 5 a 29 y pico, casi 30. No tiene el okey. Gyoza de amplio aparcamiento.

¿Qué dices, nano?