Gaspar

Gran Vía Marqués del Túria 36

963313870

Xics, en esta vida hay gente para todo. Hay gente de dulce, de salado, y a las colegialas japonesas (por lo que sea) parece que les va tirarse calamares gigantes. No sé, la diversidad humana sorprende mucho. El otro día por ejemplo, subo una crítica en la que recuerdo que utilicé el término “catapulta de mierda” para referirme a una pizzería, y al rato me llega un correo de un tío que me dice que el blog le mola y que vaya a su restaurante a ver qué me parece. He de reconocer un buen par de pelotas temerarias.
Pues vale, vamos. El caso es que entramos al Gaspar, y la primera impresión es como si fuera un Ferrero Rocher por dentro, a topor de lujo. Parece que estés cenando en el Titanic, o en el bar de algún hotel del siglo XIX, todo con mucho dorado, mucho espejo, rozando casi lo Alaska y Mario. El sitio es enorme, hay una barra a la izquierda, para tomar delicados cocktails con el meñique levantado mientras esperas, y estanterías con los libros curiosamente del revés.

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Tanto lujo no se paga solo, y en la carta es jodido encontrar cosas por menos de diez pavos. Al final, surfeando un poco las opciones nos decidimos por un hummus, una hamburguesa, un pollo marinado a la brasa y una ensalada de salmón.
El hummus estaba interesante. Lo sirven con unas rodajitas de berenjena crujiente con un toquecito de miel. Además, lleva bastante pimentón incorporado, y al lado traen pan de pita calentito, que invita al suque máximo. Fue tal vez lo mejor de la cena. Después trajeron la ensalada de daditos de salmón. El salmón estaba crudo pero marinado, y con un sabor realmente intenso. Muy salado (imagino que por la salsa de soja) algo tostado, y también picante, con algo de lechuga a los lados y trozos de tirabeque. Interesante, fresquita, funcional para el verano.
Hagamos un inciso, anoche hacía más calor que alicatando una pirámide, así que pedimos tres cervezas nada más entrar. Cuando las trajeron, los tres nos quedamos flipados con el tamaño. Eran tres buenos cañones de birra, casi pintas, frías ahí de anuncio de televisión. Cómo huele a lúpulo. El tema es que cada una vale 4 pavazos, y no es que sean caras, porque son grandes, pero bueno, os aviso porque el que avisa no es traidor, es avisador. Doce pavos tres cervezas. Ahí lo dejo.

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Seguimos con la hamburguesa. Voy a ser crítico, de entrada los sitios en los que todas las hamburguesas cuestan sobre los doce pavos me ponen más tenso que el rey cuando ve un bordillo. Pedimos una italiana que llevaba scamorza, rúcula y tomate semi seco. Diré que la carne muy bien, pero se comía el sabor de el resto, solo sabía a carne. Las patatas eran caseras, y el ketchup venía a un lado, en un bolecito. No era una mala hamburguesa, pero una vez más, diré que no vale doce pavos. Además, uno de mis colegas insistía en que él hubiera tostado un poquito el pan. Os invito de nuevo a visitar el Taplá.
Total, que para rematar cena, pedimos el pollo marinado a la brasa, y realmente fue culpa nuestra, porque trajeron eso, pollo marinado a la brasa. Tres trocitos de pollo poco hecho, con sus hierbecitas y un poco picante, con patatas fritas y verdura braseada. Estaba bien, pero era un poco un plato de régimen. Se nos quedó sosete.
Ah bueno, espera que me dejo el postre. Los postres están en una carta aparte, y por lo menos tienen alguno fuera de lo común. Empiezo a pensar que los brownies y los coulants los regala un camello en la puerta del Makro para enganchar a la gente a algo. Pedimos el lemon pie.
Es una base de tartaleta de galleta, con sabor fuerte a mantequilla, con una especie de merengue de limón al horno por encima. Al lado, una bolita de helado/granizado de limón, que de hecho es lo que le aporta el point, porque la tartaleta en si, es la hostia de dulce. Si pillas un poco de dulce y un poco de ácido del helado, compensa mejor.

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Al final 58,75€ entre tres, a casi 20. No es un sitio barato. Gastronómicamente tiene cosas intersesantes, el servicio es como muy gentil, y el ambiente un poco demasiado grandioso para mi gusto. Me recuerda en algunos aspectos al Goya, es un poco de ese palo.
Está bien, pero yo soy de otro rollo. Le damos el okey.
Goza de amplio aparcamiento.

¿Qué dices, nano?