Fumiferro

Xics…hoy voy a comentaros cositas sobre un sitio que descubrí ayer. Gracias al mítico Nico Andre, fuimos a parar a Fumiferro, en el Cabañal. Si vienes recto por Blasco Ibáñez, haces la rotonda de la estación del cabañal y giras a la izquierda. Enseguida te encontrarás con un descampado a mano derecha, con pinta de que vaya a celebrarse una pelea de bandas de videoclip en cualquier momento; pues deja tu coche ahí, aunque luego lo encuentres sobre cuatro ladrillos, y estarás en la puerta trasera del restaurante. El sitio huele a brasa que te cagas, supongo que de hecho es su rollo, fum i ferro. La carta es relativamente corta, pero muy variadita, y destacan, claro está, los platos de carne y pescado a la brasa. La cocina se ve por un ventanuco, y dentro, puedes ver al cocinero más alto del mundo braseando diversas movidas con brío vikingo. Pedimos tres entrantes y tres principales. Empezamos con las patatas a la diabla, el ceviche de corvina, y el tataki titaina, que me llamó la atención por la fusión japo-cabañalera.

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Mientras esperábamos y elegíamos el vino y tal, el camarero nos trajo unos figatells ahumados en plan aperitivo, como detalle de la casa. Eran tamaño albondiguita, y tenían un sabor realmente particular e intenso, que recordaba un poco al de las salchichas criollas argentinas. Llevaban unos brotecitos por encima, y ahí empezamos a intuir que arrancábamos en quinta.  Luego salió el ceviche, muy interesante también. Estaba cubierto en una salsita rosa que llevaba (creo) leche de coco y lima, y que picaba bastante, aunque de esto que dices…se puede comer. El pescado estaba cortado en dados bastante gruesos, también llevaba maíz, cebolla roja, rábano y brotes de soja. Coño, pues muy bien, un rollo distinto, una vueltecita al clásico ceviche. Después las patatas. El camarero (que por cierto, mi amiga no paraba de repetir que estaba bastante fresco) nos avisó que picaban mucho, y que cuidadín. Bueno, pues sí, pican, pero es un poco como cuando te dicen que Breaking Bad es muy muy la hostia, y tú la ves y dices…pues sí, está bien, pero igual tampoco me ha cambiado la vida. Pican de una manera europea friendly, no son para irse a meter la cabeza en el abrevadero y que salga humo. Parecían cocidas, en lugar de fritas, se agradece.

La verdad es que para los pocos que éramos (dos mesas) tampoco iban rapidísimos, pero estábamos de charreta y fuimos fluyendo. Luego el tataki titaina, que bueno, es lo que promete. Un taco de atún marcado en plancha asi flish flaish, lado-lado, sobre una base de titaina, con su tomate frito y sus pimientos y sus movidas. Cocción del atún perfecta, puntito de sal de la titaina, bien para mi gusto, a lo mejor un poco salado para los demás. Combinación interesante, me acabas de meter una movida nueva pseudojapo en un asador. Me mola tu rollo.

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Después pedimos tres cosas a la brasa, el pollo cajún, el salmón y la costilla. Los tres vienen solos, sin acompañamiento, porque si quieres patatas (arrugadas, vinagreta o bastón) tienes que pedirlas aparte, vienen en la carta. Te lo sacan todo en una especie de rejillita individual, que obviamente va del carbón a tu mesa. Para no extenderme, diré que estaba de cojones. El pollo sobre todo, lleva un megamix de especias que hace que de alguna manera mágica, sepa a salchicha de Oscar Mayer. No me preguntes por qué, pero nos supo a eso. El salmón era un tronchete de salmón a la brasa, un poco sin más, pero bien hecho, y la costilla me cambió la vida. Evidentemente, con un taco de grasa importante, porque coño, es una costilla y está en su identidad, pero no era una cosa pesada y mierder, sino más bien algo delicioso y untable.

Nanos, el tope de okey se perfila en el horizonte. El camarero viene y nos dice que hay dos postres, Tarta rota de mazana o brownie de chocolate. Como lo del brownie ya está mas visto que el pop up de las mujeres solteras de tu barrio que quieren conocerte, pedimos la tarta. Digamos que es una cremita de manzana, con un crumble de galleta por encima y una bola de helado. Muy flipante, not empalaging.

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Todo esto se vio coronado por una cuenta de 70,90€ (17 y pico por persona, éramos 4) y unos chupitos de orujo. Al terminar, y como no había mucha gente, el camarero nos enseñó la parte trasera del local (no en plan Pulp fiction, sino en plan bien) y nos explicó que quieren abrirlo por atrás (no en plan Pulp fiction, sino en plan bien) y hacer dos espacios, uno de restaurante y otro más street food.

Oye nano, pues muy recomendable. Id yendo a probar antes de que se pete, y dadle las gracias a Nico.

Goza de amplio aparcamiento.

 

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¿Qué dices, nano?