Forastera

Ayer arrancamos el año en quinta. Hace cosa de un mes, paseando por la calle Murillo, vimos un sitio nuevo muy chulo que se llamaba “La Forastera”. Intentamos entrar a cenar pero nos dijeron que miau, porque estaba lleno. ¿A quién no le pone un sitio completo? A mí es como si me sacudieran en la curiosidad con un táser. Seguimos intentándolo hasta que ayer pillamos mesa. Por lo que ponía en internet, parecía que había un menú fijo y único, pero es solo para mediodías, por la noche hay carta.

Para que vayáis construyéndoos una imagen mental, por dentro es pared blanca, suelo madera, y hay un cuadro muy ganso de un tío con una calavera en la cabeza. La camarera se parece a mi amiga Fátima, eso os va a dar igual pero a mí me dio ternura, porque además estaba ella sola en sala y éramos 7 mesas.

Antes que nada, nos sacaron un poquito de hummus con pan tostado para ir picando, y que me comí mirando a la calavera. Detalle guay que os comento.

Bueno, saca la carta, que es una cuartilla pegada a una tablita y oye…me llama la atención. Es corta pero original, no hay bravas, tatakis ni ensaladillas, y los precios van desde un euro (el buñuelo de puerro) hasta los 15 de la carrillera. Durante este chequeo inicial, veo además que tienen alcachofas, y en mi cabeza empieza a sonar funky de porno setentero. La chica nos recomendó el sandwich de rabo de vaca para empezar. Mis colegas lo pidieron, pero yo me fui a por la vieira, porque mira, iba de outsider. La carta tiene un apartado de platos-bocadito, otro de platos-compartir y ya los principales.

Los platos-bocadito son justamente eso, poco más que un nigiri. Mi vieira estaba buena, nadaba en una salsa de coliflor, y tenía unas alcaparras por alrededor y unos chupitruskis blanco por arriba que no identifiqué, pero creo que pegué palmazo porque lo que estaba cojonudo de verdad era el sandwich.

Rabo de vaca desmigado en un pan que estaba entre el bao y el pan de hamburguesa. Jugoso, y con una salsa súper sabrosona que parece que va a picar pero no. Vale 4 pavos, pero creo que va a ser el primer Golden Okey de este año, porque el cuerpo me pide volver a probarlo. Por suerte pude mangar un bocadito por ahí a cambio de media vieira. 

¿Qué más? Pues dos entrantes vegetales, un aguacate y un boniato. El aguacate es original pero para mí le falta un ayva. Un aguacate laminado, con polvo de cayena por encima y una especie de aliño por debajo que a mí me supo como a agüita de apio, con aceite y tal. Está bueno, pero le falta un chuletón, o algo con un poco más de punch. El boniato en cambio me pareció una pasada, pero me embafó. Sitúate, boniato triturado, con granada por alrededor, unas chalotas, rúcula y pegotes de crema agria. Eso es una prueba de que existe la magia, porque por separado parece que no tiene nada de rollo, pero una vez lo juntas todo dices…hostias. Una textura evidentemente cremosa, muy dulzona, pero de repente aparece la crema y te lo hace salado. Nos interesó bastante, pero ¿qué pasa? que al cuarto bocado satura, y la ración es muy grande. No obstante es algo que no había probado y creo que en una tosta o algo así funcionaría del carajo.

Llega mi momento. Traen las alcachofas. Veo ante mí un plato con un montón de gajos de apariencia tierna, con una salsita blanca a un lado. Pillo la primera, la mojo y la pruebo. Mi pupila se dilata, mi pulso se acelera y de repente entiendo la galaxia. El complicado entramado del baile cósmico de los planetas converge en esa puta alcachofa. Israel y Palestina se reconcilian, el lince ibérico se regenera y Trump admite entre risotas que lo del pelo es cortinilla. La alcachofa está como confitada y tierna as hell, pero con cero aceite. La salsa es de ajo, pero no te imagines un ajoaceite basto, es como una especie de suave bechamel en la que un ajo saluda al fondo. Os juro que catapultaría este plato a los Golden okey de las grandes leyendas en este mismo instante, pero sé que no soy objetivo. Mis colegas, que son personas normales dijeron que vale, que bien, pero que sus vidas continuaban igual, así que lo dejamos ahí. 

Entonces nos cambiaron los cubiertos, nos pusieron un cuchillo que parecía Narsil, espada de Elendil, y sacaron la carrillera. Venía con unas seticas por encima, y un puré de patata casero y amarillito, como de llevar yema de huevo. Un sabor muy intenso, una textura de estar bien guisado, unas setas que no son las típicas de blister de Mercadona. Da la impresión de que alguien sabe lo que hace, y me está ganando. En momentos como este me alegro de haber dejado de lado mi carrera de Batman y tener las noches libres para cenar. 

En cuanto a los postres, tienen nombres muy minimal. Uno, por ejemplo era “manzana, limón y romero”, pero finalmente nos decidimos por “chocolate”. Bueno nano, pues de repente nos llega una explosión de texturas de chocolate en un plato, con leche, sin leche, en polvo, helado, todo en conjuntado megamix. Cierto es que cuando empiezas a meter formas y texturas de chocolate, por estadística, siempre hay una que parece un ñordo, pero no os centréis en eso. Estaba realmente bueno.

76,5€ entre cuatro, nos entra tranquilamente. Bebimos vino por copas, tomamos café, no nos privamos de nada y salimos a menos de 19 pavos por cabeza. ¿Qué te comento? Pues mira, de cinco platos y un postre, por lo menos tres me follaron un poco la mente. Menos el aguacate, que fue lo más normal, y aún así era interesante, me valió la pena todo. ¿Sabéis lo que es eso? Eso es empezar el año con un A tope de okey como quien desembarca en Normandía.

Tened presente reservar porque a mí me costó tres llamadas tener mesa. A topecito para Forastera. 

Goza de amplio aparcamiento.

¿Qué dices, nano?