Food Club

Os comento, hace tiempo que andaba detrás del Food Club. Se ve que és de los creadores de la Tasqueta del Mercat, y yo soy bastante fan de ese lugar, aunque hace tiempo que no me paso (es lo que tiene catar sitios nuevos cada semana, que no vuelves habitualmente a los que te molan).
Reservamos mesa para seis, llegamos un poco trufas de la feria del vino, y la primera impresión fue un poco de pub, todo oscuro, moderno, hormigón, ese rollo industrial.
El camarero (cubano y salsero) nos trae la carta, y me da buen rollo. Ningún plato es obvio. Pedimos vino y el colega viene a tomarnos nota.

1
– Pues empezaremos con los airbags de pato, por favor.
-¿Cuántos pongo?
-Tres.
-Pero sois seis
-Pero queremos tres, porque vamos a porbar muchas cosas.
-Es que no son divisibles.
-Nano, han partido el átomo, no voy a poder yo partir una galleta de pato.
-Tres entonces.
Obviamente pedimos varias movidas más pero esta vez no voy a hacer spoiler.
Llegan los airbags, y resultan ser tres galletas huecas crujientes, tipo las chinas de la fortuna, con espumita de foie por dentro, y una loncha de jamón de pato por encima. No están mal, pero a mí tampoco me cambiaron la vida, un trámite. Siempre he tenido claro que el jamón de pato es un  alimento innecesario, como la cecina. Son un poco el Google + de los jamones, les gustan a cuatro personas y el resto sabemos que no van a suceder. En fin.
Pedimos también un par de ensaladas, una de tomate, salpicón, achoa 00 y espuma de aceitunas, y la otra era de guacamole con nachos y pollo. La primera muy curiosa, llevaba tres anchoas gordotas, flotando entre la espuma blanca de aceituna y los tomates. Como punto gracioso, unos saladitos rotos que aportaban crujientor, y los tomates, aunque sea la típica frase de mierda, sabían a tomate. La segunda tenía una base de guacamole por el fondo, y por encima unos nachos caseros, pollo salteado y unos canónigos. Tenía su point, he de reconocerlo. De todas formas, todo esto queda en minucia absoluta comparado con lo que vino después.

2

Sin duda un amor a primera vista: las alcachofas a la carbonara.
Trajeron las alcachofas en una especie de bandeja de madera con unos agujeros en los que iban metidos los tallos. Llevaban por encima un montoncito de queso rallado, y dentro de la alcachofa, lo que parecía una yema de huevo cremosa. No alcancé a distinguir todos los ingredientes, lo que sí se, es que al probarla, todos los comensales eyaculamos con la potencia de una manguera antidisturbios venezolana durante una manifestación anti Maduro. Golden okey directo. ¿Qué pasó después? Pues que trajeron los boquerones en tempura con mayonesa de gengibre. Un bol con cinco o seis boquerones, que al ir rebozados eran talmente pescaito frito, con las cabezas sumergidas en la mayonesa. Realmente suave, con un puntito ácido, de hecho, la confundimos con la espuma de la ensalada de anchoas (¿que no será la misma?).
Realmente, una vez sobrepasas el golden okey en una comida crees que nada puede sorprenderte, por un tema de estadística. Es complicado que hayan dos barbaridades de igual magnitud en un mismo restaurante, es como ligar con gemelas, pero entonces llego el ramen.
Por si hay alguien de Burgos, el ramen es un plato de fideos con sopa, que según wikipedia es Japonesa aunque tiene origen Chino. Nos traen un bol con varias verduritas dentro, algo de carne, y abundantes hojas de hierbabuena. Junto al bol hay una tetera con la sopa infusionando, que según nos dijo el camarero, era de pato con setas shitake. Se coge la tetera, se vacía la sopa en el bol y se  toma caliente. Una auténtica locura. El caldo pilla el frescor de la hierbabuena y se monta ahí la de cristo. Durante unos instante tuve un flashback en el que el bol de caldo me empujaba a mí en un columpio de esos que son un neumático y una cuerda, y ambos reíamos felices. No había un doble golden okey desde el Mimmo, creo recordar.

3

Luego llegaron las albóndigas de vaca vieja. Nada, pasaron bastante desapercibidas después del ramen. Solo comentar que lo de vaca vieja trajo cachondeo y que vienen con unas bolitas de patata y zanahoria en fideos. Un abrazo para ellas.
Otra cosa que os quería comentar, antes de pedir el postre, todos repetimos ración de alcachofas y hubo nueva corrida.
De postre, pedimos un capuccino de Baileys (eso es mi amiga y tampoco bailleys) y un hojaldre de vainilla. El primero es básicamente, una capa de chocolate con textura de pomada en el fondo, una tierra de galleta por encima y una bola de helado de baileys. Tendría que haber algo de café por ahí, yo no terminé de pillárselo, a lo mejor en el chocolate, porque pegaba algo amargo. El hojaldre bien, casi mejor lo que era la pasta del hojaldre que el helado, con su puntito a mantequilla.
Nano, que bien cenamos, me caguen la hostia. Una vez más, el cocinero de la Tasqueta (que es el chaval este rapado y cuadrao que se ve por el fondo, por la cocina) me ha sorprendido.
118.90€, con su vinazo y sus 32 pavos que nos dejamos solo en alcachofas…pues a 20.
Paradigma flamígero de okey. Larga vida al Food Club.
Goza de amplio aparcamiento, chatos.

¿Qué dices, nano?