El Viento

A ver, las cosas como son, el Cabañal está molando cada vez más, vosotros lo sabéis y yo lo sé. Dicho esto, también es verdad que en la calle en la que aparqué anoche, a lo mejor no te puedes bajar del coche con 50 euros pegados en la frente. Igual ni con 10…gual ni bajar del coche es buena idea, pero eso es otro tema, aquí hablamos de papeo nocturno. Cuando cruzas por el territorio de los Heredia Montoya, llegas Al Viento, un lugar molón muy particular que está en la calle de Casa Montaña.

Cuando entré me dio una impresión como de billar, recuerda un poco a eso. Las paredes de ladrillo, tebeos de Conan por las mesas, la luz muy baja…pero es un sitio con mucho rollazo, te diré que tienen taburetes a pedales y eso ya es muy siglo XXI. Voy a la barra y me pido una caña mientras veo que el grupo que va a tocar esa noche va afinando. Los miércoles tienen concierto, y como es el Cabañal, obviamente hay rumbita, Kiko Veneno, Juanito Makandé y Delinqüentes.

Total, que cuando estamos todos, la camarera, que tenía mucho arte, nos trae la carta y nos dice además lo que tienen fuera. Gran parte son bocadillos, y todo está hecho en el día y con ingredientes del mercado. Nos llama la atención la patita de pulpo con patata y sobrasada y unos pinchitos que ahora os cuento. En esto que el grupo se arranca con entre dos aguas, y como a nosotros nos va más el vinate, pedimos la primera botella. Fíjate cómo lo he enlazado.
Dos de los comensales eran vegetarianos, y en este sitio no hay ningún problema, tienen oferta para todo. Pedimos bravas y ensaladilla, un paté vegano, lo que os he comentado del pulpo y el pollo y dos hamburguesas veganas.

Lo primero llegan las bravas. Están hechas al horno, y cortadas en láminas, en lugar de en gajo o a taquitos. Llevan por encima una salsa de color marrón clarito ¿Ajo negro? pienso yo, pero al probarlo noto con sorpresa que pica. Que triste es sorprenderse de que piquen unas bravas ¿verdad? Estamos demasiado acostumbrados al puto ketchup. El caso es que estas picaban y de una manera particular, pero muy agradable. Resulta que la salsa es de chipotle, y directamente suben a mi podio top 5 de bravas valencianas. No recuerdo la última vez que rebañé la salsa de unas bravas…bueno, ahora sí porque fue el miércoles. Ye, que molan nano. Bravas bien.

La ensaladilla también buena pero más común. Llevaba pepinillo, así por contaros algo distintivo, y unos crackers al lado para untar. Como estábamos debajo de una lámpara roja, todas las fotos me han quedado de un rojo puticlub, no hagáis caso. La camarera se arranca a cantar la bien pagá y lo hace muy bien. Cuando aún le están aplaudiendo, nos trae el paté vegetal. La verdad que mola porque parece que estamos un poco en el salón de casa de alguien. En el paté creo reconocer pimiento rojo y nueces. Nos lo sirven en un vaso de cortado sobre una tabla y con rodajas de pan al lado. También me pareció de que te cagas para ser una cosa tan sencilla. ¿No es muy guay cuando pasa eso? 

El pulpo, en cambio, no fue para tirar cohetes. La salsa llevaba algo de sobrasada, y entiendo que patata para darle textura y tal, pero no hubo volada de cabeza. De todas formas tanto la cocción como el sabor eran correctos, simplemente es un plato que parecía que lo iba. a petar y pasó sin molestar, como Elsa Pataky. Los pinchitos en cambio tenían también rollo en su simplicidad. Trozos de pollo macerados en yogur, con una salsita de curry, pico de gallo y una tortita de maíz. Muy rico, raro, pero muy rico.

Los vegetarianos de la mesa dieron buena cuenta de las burgers veganas, que venían con unos pimientos del padrón fritos. Uno de mis colegas, que es gallego, me comentó mientras se comía un pimiento que una vez tocó la marcha nupcial en una boda, con gaita. Creo que fue el momento más gallego de mi vida. 

De postre nos permitimos una copita de mascarpone y una carrot cake. La carrot os avanzo que está potente de canela, por si a alguien no le gusta. Muy jugosita, casi parece bañada en almíbar, y se nota muy casera. También tienen brownie pero creo que lo estoy aborreciendo ya por saturación. En ese momento la otra camarera se arrancó a cantar “Te echo de menos”, y yo pedí la cuenta y unos orujos. 

Temblamos un poco por si el tema de las dos botellas de vino, los chupitos y las cañas habían hecho que se nos fuera de precio, porque la verdad es que no nos cortamos un puto duro, pero entonces…76 pavos entre 4. Espectacular.

¿Qué quieres que te diga? Al final vi un concierto, comí muy bien y bebí como si tuviera un hijo en la cárcel, todo por 19 pavos. Creo que este sitio mola, y no sólo para cenar. La próxima vez pienso ir un viernes un sábado, cenar y quedarme hasta que consiga que un andaluz reconozca que la Cruzcampo es una mierda. O hasta que cierren, lo que pase antes.

Goza de amplio aparcamiento.

¿Qué dices, nano?