El Observatorio

Patraix, ese gran desconocido. Reconozco que es un barrio que visito más bien poco, no me pilla cerca y la oferta gastronómica tampoco parece una locura a priori…¿notáis como se avecina un “peero”?

Peero ¿os acordáis del Astrónomo? Ese sitio terrazoso e interesante con un ventilador en la entrada a modo de mesa. Pues resulta que en la misma calle, y quedando todo en familia han abierto El Observatorio. El rótulo, por lo que sea, sigue siendo el de la Droguería Muñoz (muy cachonder), pero en el interior hay un sitio de estos de seis o siete mesas y carta reducidita de los que me ponen a mí de aquella manera.

Antes que nada, voy a haceros el spoiler del final. La cocina es buena, las raciones son pequeñas, el precio está bien, y es adecuado para ir…digamos de tres en tres.

Con un primer vistazo a la carta ya te das cuenta de que ahí quieren que pase algo. Los platos tienen combinaciones muy funky, tipo mozzarella con esgarraet y ajoblanco (que la pedimos), o ensaladilla de anguila con mayonesa de allipebre (que no la pedimos), pero bueno, que ya me entendéis, ese tipo de cocina. Empezamos con la mozzarella que os he dicho, la causa limeña y cómo no, las alcachofas. Vamos al ataquer.

La mozzarella es bastante suave, el gratinado tiene todo el sentido y tranquilos, es ajoblanco, no ajoaceite. El esgarraet de dentro es el clásico de bacalao y pimiento, y es una combinación que de alguna manera cósmica e ignota, funciona. El problema es que éramos 5 y la ración tiene el tamaño de una bola del drac, así que salimos a bocadito y medio, pero vamos, que bien.

Las alcachofas…bueno…realmente tienes que ser una persona horrible para hacer unas alcachofas que no estén buenas. Tendrías que hervirlas en agua de desagüe de central nuclear o del Ganges, o alguna movida así, y no era el caso. En este caso estaban rebozadas crocantemente en una pastita de harina, y llevaban jamón y unas gotitas de crema de berenjena a la llama. A mi entender, el rebozado se comía el sabor de la alcachofa, el jamón se quedaba corto y la berenjena no se notaba mucho, no fue mi plato favorito, pero…maldita sea, son alcachofas. Rebañé hasta el último resquicio de esa jodida hortaliza como si la fueran a prohibir.

Y entonces llega la causa limeña y a mí me apetece sabrosura. El plato es más incómodo que hacer una entrevista de trabajo con un garbanzo en el culo, es como una especie de…no sé…¿medio tubo? ¿una U larga? ¿Nacho Vidal hundiendo el rabo en plastilina y haciendo un surco? Miradlo en las fotos. La causa es un plato que a grosso modo está hecho de patata con lima, ají y normalmente algún pescado. Este llevaba atún picante, y aguacate, y estaba del carajo, nano. Era ácido, picante, salado, untuoso, sabía a atún, tenía un poco de todo. Se lleva un Golden Okey porque no suelo probar cosas parecidas. Pedíoslo, que está a 6,90€

Después seguimos para bingo con las brochetas de pollo y el ceviche. Las brochetas me bajaron un poco el nivel porque de fondo llevan patatas fritas rollo Mc Cain. Mmmm…eso no mola, queda industrial. Están cubiertas de una salsa barbacoa de maracuyá, y llevan un rebozado crujiente. hay dos por ración. No tienen mucho más, pollo, rebozado, barbacoa, taca y a comer. Más interesante resultó el ceviche, pero claro, estamos hablando de 10 pavetes y pico. Por un lado el pescado fresco bueno, es siempre más caro, pero por otro, era el último plato y los cinco que estábamos nos podíamos haber comido a un gitano cagando. La ración es muy escasa. Lleva maíz tostado, boniato, el pescado creo recordar que era corvina, aguacate, cebolla roja…todo muy correcto. Aun así tuvimos que hacer una segunda pedida de carta, y en este round cayeron unas sardinas ahumadas y unos baos de sepia, muy recomendados por el camarero.

Las sardinas volvieron a levantar un poco el nivel. Es un producto que se encuentra en bastantes sitios, o por lo menos yo me la he encontrado mucho últimamente. Un lomo de sardina ahumada siempre es bien. estos llevaban tostones de pan, cebolla roja, y una salsita de pimiento rojo. El fondo era una crema de aguacate. Pues bien, se venden por unidades, muy correctas. Las hamburguesas en cambio, por azares de la vida, nos dieron más igual. A mí es que los baos me dicen poco, son como esa gente que te da la mano blanda, que dices…ay, que sosez. Están así blanditos, chiclosos, sin sal, tibios, no me aportan. La hamburguesa de dentro hubiera lucido más en un montadito, tal vez, o en una albóndiga con una salsita de fondo. Esa es mi opinión de todo a cien.

Dos postres: sorbete de limón y un reestyling de brownie con sopa de chocolate. A mí me ganó el brownie, porque tenía como mucho de todo. Había tropezones como de muesli, el helado se fundía y hacía ahí una amalgama interesante, todo encajaba. Los postres nos salvaron un poco la vida, porque ya os digo que antes de las sardinas estábamos como el niño de Dickens que va a pedir más gachas. Salimos a 81,90€, pongamos que 16,4 cada uno, con botellita de vino y tal, muy bien.

Volvamos al principio, como en las pelis con flashback. La cocina es muy interesante, y creo que la clave está en ir dos o tres. ¿Tienes una cita? okey ¿Quieres sacar a tus padres a probar algo nuevo? Okey ¿Vienes con doce colegas de ver la final de la Champions? ve a otro sitio.

De cualquier modo es interesante que este tipo de lugares empiecen a salir lejos de Ruzafa y el Carmen. Okey alto astronómico. Reservad, que es chiquitín.

Goza de amplio aparcamiento.

¿Qué dices, nano?