El Fino

C/ Pintor Salvador Abril 13

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Xics, anoche tuvimos un gastro-gatillazo importante. Resulta que el sitio al que queríamos ir (uno por Cánovas) estaba cerrado, porque habíamos ido sin reservar. Eso nos pasa porque aquí somos de los que piden Radio Olé en una Herriko Taberna; al límite siempre. Bueno, por esa zona debería haber algún otro, así que echamos a andar.
El caso es que me encontré con uno de mis principales asesores deambulando por allí, y tras contarle la vaina, me recomienda la taberna “El Fino”, que está por Ruzafa. Esta vez llamamos por teléfono, reservamos (porque es un sitio pequeño) y tiramos para allá.
Es el clásico portal ruzafesco por el que has pasado mil veces sin percatarte de que ahí hay algo. La dueña, una señora bajita muy cordial, pero más seria que un culo horizontal, nos trajo la carta. Entonces al primer vistazo…aquello resultó ser un bar estándar. No había platos con rollo, no había diferencia ni especialidad, solo chipirones, bravas, quesos, jamones y demás tapichuelas de bar corriente. Precipitéme en un abismo de negror y psicodelia. ¿Qué cojones pido? ¿Cómo hago de esta experiencia una entrada de blog decente? Incapaces de algo mejor, pedimos los huevos cabreados picantes, la ensalada de tomate, el surtido de croquetas y el secreto ibérico.

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Las croquetas estaban muy okey, realmente mucho, el surtido llevaba dos de jamón, dos de cabrales y dos de bacalao, y las de jamón me recordaron peligrosamente a las de mi abuela.
Los huevos cabreados son un par de huevos fritos sobre patatas, cantidad generosa, con una salsita por encima que pica, y eso es lo que les cabrea. A mí el picante me viene bastante bien, y esa salsa picaba digamos, un tres o un cuatro en mi escala, siendo uno el agua Bezoya y diez la salsa para alitas que me dio una vez a probar César Gómez-Mora. O no, espera, realmente lo más bastardo que jamás he probado fue un pimiento de padrón en una cervecería Guinnes que hay enfrente de la Rock City. Aquella mierda picaba tanto que hubiera hecho gárgaras de Listerine con lejía para suavizar. Maldito hijo de perra, se me quedó la boca como al malo de Skyfall.
Bueno, que los huevos bien.
La ensalada de ventresca tampoco tenía nada, el tomate era de mercado, bastante okey, y el atún también. En cuanto al secreto, eran trocitos pequeños y finos, pasados por la plancha hasta que la parte de fuera medio crujía, pero estaba jugoso por dentro. Llevaba salsa Mery por encima.
Rematamos con un creppe de nata y chocolate casero. Nata montada por dentro (no parecía de spray) y el chocolate por fuera. Si hubiera llevado nueces habría sido una pasada.

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Vamos a ver, el producto del sitio es bueno, y la relación con el precio también. Salimos a 52,40 entre tres (a 17,5), el problema es que los platos son muy comunes, y por eso, aunque os lo recomiendo si es eso lo que buscáis, no puedo darle el okey del blog, porque no cumple una de las premisas básicas.
Goza de amplio aparcamiento.

¿Qué dices, nano?