El Bouet

C/ Puerto Rico 36

676 56 02 13

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Pues resulta, que por una casualidad de la vida, ayer acabamos en el Bouet. Íbamos a ir a otro sitio, pero cuando llegamos, la puerta estaba cerrada y las luces de dentro encendidas. Obviamente lo consideramos una afrenta a nuestros honores, así que tras dejar una nota retando en duelo al dueño, giramos la esquina y entramos en el siguiente local. El Bouet es un sitio pequeñito, que tira mucho de terraza, y que tiene una carta variada y guay. Nada más sentarnos, el camarero nos dice que no tienen de esto y de lo otro, pero que en su lugar tienen otras movidas. Muy bien, las gallinas que entran por las que salen. Pedimos las bravas, la ensaladilla de calamar y patata, y una de las movidas fuera de carta. La ensaladilla cayó con una velocidad pasmosa.

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Patata cocida, calamar cortado a daditos, pequeños trocitos de pan y una mayonesa de albahaca por encima, nos pareció brutal. Incluso el cilantro estaba en su justa medida. Cuando estábamos mirando la patata de la vergüenza, el camarero ataca por el lateral con las bravas. Realmente fueron lo más flojo de la cena, no por nada, pero lo demás tenía como más rollo. Nada, patatas cortadas por la mitad con un pegotito de ajoaceite encima, nada destacable. Segunda ronda de vinos y llega el apocalipsis, un tartar vegetal de aguacate, tomate verde, pistachos iraníes, con pepino y tomate seco y no sé qué hostias más. Acojonante. Primero destacar el hecho de que los pistachos sean iraníes y así lo resalten en la carta. Es muy cachondo, no me digáis que no. La próxima vez que vaya me pondré un bigote de coña, me haré pasar por pistachólogo y les putearé diciendo que esos pistachos son de Turkmenistán y que quiero mi dinero. Bueno, el caso es que el aliño estaba increible, lo servían con una cucharada de yogur griego y de alguna manera todo encajaba en el universo. Los pistachos iraníes y el yogur griego se fundían con el tomate del Perelló generando un tartar eurovisivo, sinfonía de sabores sexys y originales, merecedores de un golden okey y un full body erection como un tanque.

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Y ya que estamos con Grecia, la movida fuera de carta eran una hojas de parra con carne picada, arroz y limón, tamaño croqueta grande, con más yogur y eneldo. No me acuerdo como se llamaban, pero vamos… Panathinaikos. Muy mediterráneas. Rematamos el jugadón con un cerdo barbacoa thai con salsa de cacahuete. Unos trozos de cerdo cocinado a baja temperatura, sobre una especie de caldito picante, que extrañamente sabía como a calcetín pero estaba bueno. Una de esas contradicciones de la cocina, cuando algo sabe mal pero te gusta, algo así como Nahtalie Seseña en Airbag, que ya era regular de ver, pero tú le dabas. El caldito lleva peligrosos chiles, tentación para los más osados.Por cierto, como dato os comento que hay un curry en la carta que vale 16,50€. El camarero dice que es un espectáculo y que hay que probarlo, yo os digo que eso no lo pago por un curry ni aunque lleve foca bebé. Si alguien se anima que me cuente.

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El postre te lo sugieren ellos, no está en la carta. Esta vez tenían tres, una especie de pastel de queso con toffee , una copa con texturas de chocolate y una barbaridad con pistacho y rosas; pedimos las dos primeras. Ambas estaban buenas, pero de toda la cena me quedo con el tartar vegetal, porque tranquilamente podría hacer un combate de lucha en el barro, pero en una piscina llena de esa puta delicia.79,30 entre cuatro…pues a 20 pavetes. No es un sitio que esté tirado de precio, hay que ir con cuidadín, pero por lo menos salimos con la sensación de haber probado cosas interesantes.

Goza de amplio aparcamiento.

¿Qué dices, nano?