Dukala

Me habían hablado tanto y tan bien de Dukala, que tarde o temprano tenía que caer. Los fans dicen que es el mejor restaurante marroquí de Valencia, y está justo delante del Mimmo, en la calle Sanchis Bergón. Ahora mismo no es tan difícil encontrar buenos sitios de cocina árabe, así que decir eso es decir mucho. La entrada no es especialmente  llamativa, básicamente es una puerta de cristal con millones de pegatinas de Vergara, que da a otra de madera por la que accedes al comedor. La verdad es que es una fusión curiosa, porque por una parte hay manteles blancos y copas de vino muy estupendas, pero también mantas por el techo en plan jaima. A ver qué pasa.

El camarero nos trae la carta de comida y la de vino (Marroquí con vino ya es un punto, en el Balansiya, por ejemplo no tienen). Veo que la mayoría de los platos están por encima de los 10 euros, pero como somos 5, creo que con un poco de ingeniería fiscal se puede conseguir. Mientras decidimos, nos traen un poquito de hummus con tostadas para picar, y con esto ya se ganan un poquito el okey. Pedimos lo que nos habían recomendado, el cuscús de ternera, el pisto de berenjena, unos langostinos, y un par de movidas de pollo. 

El camarero (que compite en el premio al más agradable del mundo, junto con la de Casa di Sophia que ya no está y la del Patapuerca) nos avisa de que los dos primeros platos llevan base de tomate y comino, y que nos los va a poner seguidos. Vale, venga. Por cierto, a todo esto, yo no quería vino porque venía medio resacoso de comer en La Peseta, pero una de mis amigas se pidió una botella de vino que costaba como un misil Tomahawk e hizo peligrar el frágil equilibrio de los 20 pavos. Y sí, a veces voy a cenar con resaca, no me hagáis demasiado caso.

Llega el pisto. Es una amalgama cremosa de verduritas, en las que efectivamente predomina el comino. Estaba buena sin ser ninguna locura, personalmente prefiero la caponata, pero esta es muy digna. El tomate no es ácido ni la berenjena amarga. Correcto. Round dos, los langostinos aparecen en abanico, junto a una salsa de tomate (y comino) y un iglú de arroz blanco. El langostino viene a la plancha, o como salteado, y es importante mezclar el arroz con el tomate y hacer una superamalgama letal de sabores para que el plato mole a topor. Rico también.

Para mí, la comida empezó a despegar con el cuscús, porque nuestros colegas fans del sitio, nos habían dicho que hay que pedirlo con una salsa picante que no viene en carta pero que le da un rollo especial al tema. El camarero, agradable como la brisa playera en una puesta de sol en Mykonos, nos trae un minicuenco con una pasta roja que es muy muy parecida a la salsa picante del Kaña Makan. Y sí, pica de la hostia. El cuscús es lo que tiene que ser, un plato de sémola, mezclada con ternera y verduras, pero esta vez sin caldo para humedecerlo. Hay zanahoria, garbanzos, calabacín, y la ternera es de esa hilosa y maravillosa que se deshace. Ciertamente el picante le da un punto, pero es como contar un chiste imitando a Chiquito, hay que moderarlo, es para ocasiones. El tajín de pollo me dejó un poco más igual, porque para mi gusto sabía demasiado a azafrán. Unos trozos de pollo con olivas, el iglú de arroz de los langostinos y una salsa amarilla simpson, de un amarillor que seguramente perdurará durante eones en el plato y en tus dientes. No soy fan del azafrán ( los que lo sean podían llamarse azafanes).

Por suerte, el Dukala salió reforzado con los dos últimos platos, la pastela y los postres. La pastela es un guiso de pollo desmigado que se envuelve en unas hojas muy finas de pasta brick y se hornea. Al meterle con el tenedor, la pasta cruje, se rompe y puedes acceder a todo ese rellenazo bueno. El tema es que es un poco dulce, de hecho lleva miel por encima, y pistachos por dentro. De hecho, entre la masa y la miel, a ratos recuerda un poco a un croissant, pero creo que es algo que debéis probar. Es realmente okey, igual no golden, pero sí silver.

Para los postres, el camarero amigable nos sugirió unas bolas de helado de queso de cabra, pero como ya conocéis mi opinión, finalmente optamos por unas trufas y unos pastelitos de boniato con almendra, que se sacaban por unidades. pedimos dos y dos, y nos sacaron también unas mistelas. Las trufas eran de chocolate amargo, y los pastelitos eran como galletas con el centro blandito, y estaban de que te cagas. ¿Qué sacamos en claro? El sitio mola, mola mucho, tal vez lo único sea que puede ser complicado salir a menos de veinte si vais por ejemplo dos o tres, creo que hay que ir un poco en equipo. Nosotros salimos a 92,10 entre 5, a 18,50 aprox.

Voy a darle un okey alto, que no llega al tope porque creo que ninguno de los platos era particularmente original. Todo estaba muy bueno, la atención fue muy guay, y por eso os lo recomiendo, pero no vayáis a descubrir América.

Okey Marroquí alto. 

Goza de amplio aparcamiento.

¿Qué dices, nano?