Disertación sobre el alcachofismo

Xics, quiero comentaros un caso que me toca de cerca. Creo que las personas que inflan el precio de algo tan noble como la alcachofa tienen reservado un círculo especial en el infierno, justo entre los violadores de monjas y la gente que dice “picsa”.
Sucedió que iba yo el otro día silbando “Walking on sunshine” por la calle, cuando veo que han abierto un restaurante nuevo en frente de los Babel, que se llama Mala hierba. Me acerco a mirar la carta y veo que no entra en el blog porque tira por lo carete, pero llama particularmente mi atención un plato, las alcachofas de pinedo chafadas con ajo en texturas, que vale trece pavos.
¿Trece pavos? ¿Estamos hablando de un plato de alcachofas de trece pavos? ¿Y el otro ingrediente es ajo? Tengo que probar eso porque tiene que tener algo, no sé, fuera de lo común. Así que tiempo después cuando tuve ocasión, entré a probarlas. Eran 7 alcachofas confitadas, sobre un puré de patata, con un chip de ajo y una especie de pegotito de ajoaceite por encima. También llevaban sal gorda y no sé si alguna variante de ajo más, yo desde luego no se la distinguí. A lo mejor la sal era de ajo, o llevaban esencia de ajo, o el cocinero estaba pensando muy fuerte en ajos, no lo sé.
El caso es que estaban del car-ajo, eso es verdad, pero al salir, me dirigí directo al primer pakistaní around, y comprobé que las alcachofas están a 0,89 el kilo. Imagino que las del Perelló, por lo que sea son más la hostia y por tanto son más caras, así que con la cara de quien ha aceptado un cambio de tarifa de Movistar y no sabe si se la han metido doblada, me retiré a casa.

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Viajemos en el tiempo. Varias semanas después, coincide que voy a comer a un sitio que me recomiendan, y que a priori tampoco entra en el blog, o si entra tienes que pedirte aceitunas con agua del grifo, el Mood Food. La camarera nos recomienda unas alcachofas salteadas con jamón que hay fuera de carta, yo digo que venga. Llegan un montoncito de alcachofas salteadas con unas lonchitas de jamón ibérico, sobre salsa romescu. Una vez más, ricas a topor, también es cierto que para que a mí no me flipe una alcachofa tiene que llevar cianuro o algo.
Bueno, llega la cuenta y quince pavos, lo más caro de la carta, más que la media ración de steak tartar. ¿Qué pasa aquí, nano? ¿Estamos locos? ¿Quince pavos un plato de alcachofas? ¿Y fuera de carta, sin avisar? Va tío, seamos personas.

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Un poco desengañado de la vida, decidí hacer una tercera comprobación. Me dirigí a La Carxofa, en Plaza Xuquer, intentando encontrar algo que me devolviera la fe en la humanidad. Nacho, el dueño de La Carxofa, fue criado por alcachofas cuando era pequeño. Por lo visto, sus padres iban en un avión que se estrelló en la jungla, y unas alcachofas salvajes lo recogieron y lo criaron como si fuera una de ellas. Bueno, pues todos los platos entre cinco y ocho pavos. Probé por ejemplo unas alcachofas fritas con anchoas sobre romescu, comento esto porque básicamente se diferencian de las del Mood Food en que unas llevan jamón y las otras anchoa. Bueno, pues el romescu también era casero, y resulta que no valían quince putos pavos y estaban igual o más ricas.
Entonces, ¿inflada gansa? ¿El precio se dispara porque por lo que sea, la calidad de un sitio es muy superior (pero mucho) a la de otro? ¿Somos nosotros, que después de 24 años de Rita nos hemos quedado monguers?

Nano, montáoslo como queráis pero dejad a la alcachofa al margen, no la hagáis pagar por vuestras mierdas.
Ella no lo haría.

¿Qué dices, nano?