Chup Chup

Matias Perelló, 52,

Xics, esta vez vamos a adentrarnos en el sórdido mundo del cargo de conciencia. Os adelanto ya que el sitio no me dijo nada, pero me sabe mal que sea así.
Yo iba conduciendo y no podía llamar a ningún lado para reservar, así que una amiga pegó un repaso por internet e intentó descubrir algún sitio okey. La responsabilidad recayó sobre Chup chup, un sitio que está entre Ruzafa y Antiguo Reino, con su terracita y su decoración en blanco. Para que os hagáis una idea, es un sitio de mantel y cocina de mercado, finito y delicado, la clase de lugar que elegirías para decirle a tus suegros lo del herpes.

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El caso es que entramos, ya os digo, todo muy chulo, muy perfumado, y una mujer turbo agradable nos trae la carta y un cuenquito con una salsa de yogur y unos palitos de zanahoria en crudo para picar.
La carta es escasa, tres carnes, tres entrantes, tres ensaladas y dos pescados, más algunos arroces de los que pasamos bastante porque era de noche. Algún día hablaremos del postureazo valenciano este de decir que el arroz de noche no mola, y luego ponernos hasta el culo en el chino.
Por suerte tenían algunas cosas fuera de carta, pedimos titaina, una ensalada, unos raviolis, el pollo crujiente y un entrecot. Llegan casi a la vez la titaina y la ensalada. Muy casero todo, la titaina estaba hecha despacito y guay, con receta de abuela y unas rebanadas de pan alrededor. La ensalada en cambio, más normalita, champis en crudo, espinacas, jamón crujiente (ibérico), pasas y piñones salteaditos. Antes he dicho que me sabía mal, la señora que nos atendió era un amor, pero los platos tenían poquito arte, y me culpabiliza contarlo, pero mierda, tengo que contarlo tal y como fue.

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El pollo siete especias tenía un rebozadito rollo Kentucky, y estaba bueno, igal que el entrecot, pero ambos tenían las presentaciones más tristes que recuerdo desde la FABrica. El pollo llega a un lado del plato, con lechuga al otro, punto.  El entrecot llega a un lado, con patatas al otro, punto de nuevo. Por ahondar más, os diré que el pollo, pues al llevar siete especias, está muy sabrosón, no sabría decir cuáles son. Del entrecot puedo hacer hincapié en las patatas, pero es que no tengo más que daros, me encojo de hombros con pesar.
Los raviolis eran de boletus, ricotta y aceite de trufa, y habéis adivinado, venían solos en un plato blanco unos sobre otros. Eran de pasta fresca y se notaba el sabor a trufa, bien por ellos.
Bueno, nos acabamos la botellita de Mala vida y pedimos dos postres, un flan de calabaza y un tatín de manzana con nata. El flan no sabía a calabaza, sabía a huevo normal de toda la vida, y la movida de manzana venía con un chupito de nata caliente al lado en un vaso.

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Chico, lo que te digo, todo bueno, todo funcional, poca emoción, platos más clásicos que las vallas de Amstel en fallas, precios un poquito al límite. Igual para ir a comer y pedirte un arroz está mejor, a mi me dejó frío, pero la señora era tan maja que voy a cortarme y voy a darle un okey moderado, por aquello de que en otras circunstancias igual…
91,45 entre 5, a 18,30€
Goza de amplio aparcamiento.

¿Qué dices, nano?