Central Bar

Mercado Central Puestos nº 105 a 131

Antiguamente, dentro del mercado central, había un bar de esos viriles donde te ponían aceitunas y encurtidos sin pedirlos, y se podía disfrutar de una caña y un bocadillo de longaniza que aseguraba la obstrucción prematura de tu aorta. Hoy, ese bar pertenece a Ricard (dale a tu cuerpo alegría) Camarena, cocinero con estrella Michelín, soles Repsol, y demás movidas que oye, quieras que no, dan caché.
Pues el Central Bar es básicamente una barra de azulejo negro, con la cocina dentro. Y os hago spoiler, el producto es bueno ¿Qué le falla? Falla que no aceptan reservas y nadie lleva el control de los asientos, así que el proceso es: uno, ponerte detrás de alguien hasta que se levante, y dos, comer con alguien acechándote por detrás. Para conseguir sitio cuando se acerca la hora de comer tienes que forrarte las pelotas de titanio y estar muy atento a ver qué sitio queda libre, y tal vez, pelear a muerte con algún guiri por él. Dos entran, uno sale.

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La carta tiene una parte de tapas frías, una de tapas calientes y otra de bocadillos almorzables, pero siempre tienen una generosa oferta de platos fuera de carta que va variando según mercado.
Nosotros pedimos las croquetas de pollo rustido, la costilla de cerdo con coliflor y ajetes y el gazpacho con ceviche de gamba, así de primeras. Las croquetas son un espectáculo, no sé si es que añaden la piel del pollo a la bechamel o algo, pero hay un sabor ahí a hard rustición muy llamativo. La costilla tiene una cocción perfecta, la coliflor y los ajetes acompañan la mar de bien, un clásico de llauros. El ceviche viene con cebollita roja, pimiento, lima, y una jarrita para que eches el gazpacho aparte, muy Master Chef.

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Luego las albóndigas con curry rojo, y el calamar plancha. Los currys, se ve que ponen muy palote a Camarena, porque suele meter ese rollo fusión bastante a menudo. En este caso, cilantro, leche de coco, puntito justo de picante…muy okey, muy interesante, acierto. Pero ojo, los calamarcitos plancha son 10 pavos y pico, sólo para muy fans del calamar, sube el precio y tampoco cambia la vida.

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Otra cosa que me motivó bastante fue el postre fuera de carta, un bocadillo de helado de turrón. El pan del bocadillo es un bizcocho con un toque de limón al fondo de esos que hacías de pequeño en casa usando los yogures como unidad de medida. Y viene con almendras caramelizadas, un sabor muy vintage, muy remember.
Briconsejo: No es un sitio para ir muchos, cierra a las 15:30, así que que ve pronto. Y mejor pedir medias raciones, que están mejor de precio y puedes probar más cosas.
39,20€ entre dos, a 19,6€ (al límite, ojo con los calamares).

Goza de amplio aparcamiento con gorrillas.

www.centralbar.es

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