Casa di Sophia

Plaza Joan de Vila-rasa, 8

963 11 34 12

Checkealo en BSIDE CITY

Nanos, hoy os voy a descubrir un pedazo de okey que os va a dejar el culo torcido. ¿Sabéis esa zona detrás del mercado central, al final de la avenida del oeste, que es como un flashmob constante de putas, yonkis y gorrillas? Bueno, pues en medio de ese musical politoxicómano, justo al lado de donde mi colega David perdió la virginidad, tenemos La Casa di Sophia. Nada más entrar, te llama la atención la decoración, que tiene unos colores imposibles pero que de alguna manera son guays. Todo es turquesa y de un naranja salmón fuerte, con estampado de flores por las parades, muy canalla para tu casa pero funcional para un restaurante. La carta tiene entrantes, unas pastas, DOS tipos de pizza, carnes y pescados. No llega a ser un restaurante italiano, pero digamos que tiene toquecitos. Para empezar, pedimos el sashimi de salmón, las alitas de pollo, y aconsejados por la camarera, las patatas.

1

Bueno, primer apunte, la camarera es la Messi de lo agradable, en serio, es absurdo. Es como si unos científicos locos hubieran retocado genomas para crear una camarera super maja de laboratorio y la hubieran dejado ahí. Luego retomamos. El sashimi muy bueno, mérito en gran parte del salmón, también es cierto. Venía con salsa de soja, unas bolitas de algo rollo mayonesa y láminas de espárragos trigueros. En la carta pone “caviar de chía y ensalada de espárragos”, y bueno, ya te digo yo que están siendo generosos con los nombres, eran putas láminas de espárrago,
pero eh, a tope con eso. Sashimi okey. Las patatas se llaman “Delicia de patatas con romesco, ajo y aceite”, y no son bravas, pero es como si hubieran opositado a bravas. Patatas pequeñas fritas con piel, y algún tipo de rebozado crujiente mágico que hace que recuerden a las patatas deluxe del Mc Donalds, pero en casero, claro. Llevan romescu y ajoaceite, la ración es generosa y nos las jodimos con ansia. Dos okeys ya. Las alitas de pollo vienen “con mojo italiano”, lo que aparentemente parece ser una especie de nata densa, o queso philadelphia o alguna movida así, con cilantro. Lleva unas gotas de salsa picante aparte y aros de cebolla (sin rebozar) por encima. Además están como maceradas en algo, estamos hablando de un tercer okey en ristra, amigos.
El tema se pone interesante.

2 top

Primer break. Hubo un momento de democracia tensa porque dudábamos si pedir los espárragos y la ensalada de quinoa o el pulpo, que valía casi 15 pavos.  El pulpo prometía estabilidad y mejoras en nuestro ácido úrico, mientras que los espárragos y la ensalada alegaban variedad y renegociar la deuda con Europa. Finalmente por referendum pedimos el pulpo y los espárragos, más una pizza vegetal. Segundo break. ¿Qué lleva a un restaurante a tener solo dos tipos de pizza? Normalmente cuestan poco de hacer y dan beneficio, es muy raro ofrecer solo dos distintas. Pensamos que el único motivo posible es que eran tan la hostia que sería injusto para el resto de pizzas del mundo preparar más, así que la pedimos. Y ojo, que esto fue un poco el bluff de la noche. Para ser justos la pizza estaba muy buena, llevaba berenjena, tomate, rúcula…la clase de mierdas que suele llevar una pizza vegetal, y la masa era casera, ¿qué podía fallar? Pues falló que todo lo demás estaba mucho más bueno. Creo que hemos comentado alguna vez el efecto “el rubio de Cruz y Raya”, que es cuando algo no es malo, pero lo que tiene al lado es obviamente mucho mejor y desmerece. También es conocido como efecto Garfunkel. Pero no termina aquí el tema, quedan el pulpo y los espárragos. El pulpo (que hizo contraer mi ojete desde el primer momento por el precio) resultó estar acojonante. Unos trozos de pulpo bastante gruesos sobre patata machacada con pimentón y con puré de patata por encima.

4

Los espárragos, están bien pero eran un poco de todo lo que habíamos probado ya en el resto de los platos, el  romescu, la cebolla…eso sí, había unos pegotes inexplicables de tinta de los que te dejan los piños negros un buen rato. Bueno, el caso es que llegamos al final de la cena con un nivel de okeyor más que considerable. La camarera se acerca y nos comenta que de postre tienen esto, lo otro, una carrot cake que nos va a cambiar la vida y una sopa de chocolate blanco que va a hacer que nos caguemos por aspersión. Ante tal afirmación, nos pedimos ambas y oye, triunfazo. La carrot cake estaba hecha con cacao, con un almibar de canela y vainilla y una nata densa por encima. Es como una especie de fusión entre un brownie y una carrot cake, es un brownarrot, jugosón y delicioso. En cuanto a la sopa de chocolate blanco, me recordó en cierto modo a la de la Tasqueta, llevaba trozos de fruta cítrica por encima, menta y un crumble por el fondo, que la convertía en una rave psicodélica de sabores y texturas. Nano, pues todo eso, unos chupitos a los que nos invitó la Braveheart de las camareras, el vino, la cerveza y demás…92,90€, ponle 93 pa’ no discutir. Salimos a menos de 19 pavetes, y todos coincidimos en que el sitio merecía un okey, pero no uno cualquiera, una supernova de okey que destruye cualquier forma de vida conocida en un radio de tres galaxias. Xics, a nosotros nos gustó mucho, echadle un ojo a ver, porque por esa zona, todo lo demás es mierda.

Goza de amplio aparcamiento.

 

¿Qué dices, nano?