Café Infinito

Feliz año, mangurrianes ¿Habéis cenado mucho por ahí? Nosotros hemos hecho el primer chequeo del año por el Cedro, en el Café Infinito. Hace un porrón de años yo iba a un quiz musical muy chulo que hacían los domingos. Frankie, uno de los dueños, cogía el bajo y se cantaba unos temas que tú tenías que adivinar. Mientras tanto iban sacando comida a la barra y solo se pagaba la bebida, pero creo que ya no lo siguen haciendo, eso era un poco cuando Pajares estaba sobrio.

Ahora mismo el espacio sigue siendo chulo, hacen exposiciones, actividades, hay varias lucecitas de árbol de navidad por las paredes…detallitos. ¿Y de qué va el sitio? Pues le tienen bastante cariño a lo vegetariano, eso es así. La carta tiene un porcentaje vegetariano alto, con alguna concesión a lo cárnico. Pillamos sitio (llenete un miércoles), pedimos unas cervezas y le echamos un vistazo a la carta. Empezamos con la ensalada crudivegana y la tapa de vitello tonato. Lo crudivegano es como muy de nivel, es decir, si lo vegetariano se te sigue quedando corto, te pasas a lo vegano, y si eso te sigue pareciendo insuficiente, hay un tercer nivel para jedis de la hortaliza. Ni carnes, ni nada que proceda de animal, y encima crudo. Eso es fuerza de voluntad, y no ir al gimnasio cuando llueve.

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La ensalada llevaba spaghetti de calabacín, tiritas de zanahoria, champiñón, sésamo, y demás hortalizas que habían tenido una vida plena y una educación de pago. La verdad es que el sabor es potente y en este caso no echas de menos una cocción ni una salsa ni nada, estaba bien aliñada, eso sí, para un ratico. El vitello es básicamente carne de ternera cortada muy fina, tipo roast beef, con una salsa de atún y normalmente alcaparras. Hay dos opciones, plato entero o tapa, nosotros pedimos tapa y la ración es más que correcta. Por ahora funciona todo.

Llega algo interesante, las pakoras. Nunca lo había probado y no sé de dónde mierdas sale, tras investigar un poco creo que son de origen indio. Son verduras fritas en harina de garbanzo, en este caso, patata, espinaca y cebolla. Tienen la apariencia de pequeños aliens churruscaditos, y vienen con dos salsas, una de yogur y una de sabor dulce y frutal que no supimos identificar (luego nos explicaron que era de dátiles, mango y tamarindo, como para averiguarlo). Lo más fascinante de todo, es que a pesar de la fritura, no están aceitosos y son bastante ligeros, seis por ración. Es un plato diferente, echadle un vistazo cuando vayáis. ¿Qué más? Pues el wrap de pollo.

De hecho no es un wrap-wrap, que tal y como yo lo entiendo, debería ser enrollado. Es más bien una especie de turbotaco doblado, con rúcula, cebolla, pollo y mozarella. fácil de cortar, fácil de compartir. Tienen también uno vegano, en caso de que el pollo ya tal. Creo que una persona sola, con uno de esos y a lo mejor un poquito de hummus ya cena como un campeón. También podéis echar el rato pidiéndole a una señora mayor que pronuncie wrap. Finalizamos el tema con la lasaña de jabalí. ¿Qué pasa con la lasaña? Que está buena, pero se queda corta. Estamos hablando de casi doce pavos de lasaña y la ración se me hizo pequeña. No estamos hablando de algo tan flagrante como una pizza de 30 pavos, pero igual hace falta que la corte alguien con un pulso más bailón. De cualquier forma, la pasta está buena y el jabalí es un tipo de carne que me recuerda casi más a la ternera que al cerdo. También tienen una de verdura y trufa blanca (con el mismo problema) pero que anima a dejarte la carne por una noche.

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Es un sitio interesante para visitar en una primera cita con alguien vegetariano, tanto por precio como por situación, porque luego te vas a ver un concierto o a tomar algo por la zona. Nos costó 52,20 entre tres. A 17 y medio, con la botella de Bon Home que nos crujimos sin piedad ninguna. Bastante guay. Echadle un ojo, para mí es un okey particular. En la carta también hay varios patés vegetales y muchas pastas caseras.

Goza de amplio aparcamiento.

¿Qué dices, nano?