Ca la Mar

El otro día caminaba in the night por el Cabañal y en esto que veo una peatonal con un par de terrazas llenas, mucha luz, mucha gente y mucha alegría. Esa gente está sentada bebiendo vino blanco y comiendo pescadito, y todos parecen felices y van más borrachos que yo. Maldita sea yo también quiero estar borracho, comer pescadito y ser igual de feliz que ellos, así que en cuanto llegó el fin de semana, fuimos a cenar a Ca la Mar.

Sitio blanco, marítimo, con flores en las mesas y sillas azul pastel. Salvavidas antiguos y azulejos en la barra, todo te dice a gritos Cabañal 2.0, estamos empujando esto hacia arriba.
El caso es que nos sentamos en la terraza y al cabo de 20 minutos aquello parece una rave. Todas las mesas llenas, gente de pie esperando, con una mirada que dice “paga rápido esa puta cuenta y déjame el sitio o te mataré”. Durante la primera parte de la cena hubo solo un camarero para toda la terraza, y el pobre iba más tenso que el Tedax daltónico. Fue muy amable todo el rato en plan “vengo enseguida”, “ya vienen los platos, disculpad” pero en sus ojos y en las carreras que se pegaba iba implícito el deseo de inmole.

Bueno, pues la carta es lo que te esperas de un sitio así, cosas playeras old valencian style. Pedimos calamar encebollado, figatells, una pizzeta de titaina, pescado en escabeche y unas movidas de pollo que se llaman “delicias” porque ya sabes, si se llaman así no pueden estar regular.
Bueno, pedimos un vino blanco tempranillo. Anoche vino conmigo una amiga que es la mujer que susurraba a los vinos, es de esas que sabe lo que pide, y dice que el tempranillo blanco es una cosa rarísima que se hace por mutación, como las tortugas ninja. Total, que llega el vino y resulta que no es tempranillo. Nos va a dar igual porque a la botella no la dejamos ni botar, la empalmamos en el aire.

Llegan los calamares encebollados. Están bastante okey, precio competitivo, calidad abuela que ha ido al mercado y llama “Amparín” a la pescatera. Abundante aceitarro on the plate, hojita de laurel…cumpliendo expectativas. El camarero estresado trae pan para que no falte de nada. Comienzo guay.

Llega el pescado en escabeche. Juraría que era caballa. También muy casero y con una pedazo de balsa de aceite que si te lo terminas estás meando 3 en 1 toda tu vida. Bien de sabor, aunque esta vez sí que eché en falta alguna patatica o algo así. Tiene espinas.

Las delicias son trocitos de pollo envueltos en bacon, y con un rebozado como de queso. Están de que te cagas, pero claro, es que todo en ese rollito está pensado para gustarte, menos el palillo. Sacaron seis para siete y tuvimos que matar a un comensal, por fortuna para los que esperaban de pie, era donante de silla, y alguien pudo aprovecharla.

Sufrimos el primer duro revés con los figatells. Llegan esos albondigones gordos, hermosos, dos por ración, sobre unas pintaditas de hummus, todo promete…pero por lo que sea, no gustaron. Es verdad que éramos 7 y solo dos valencianos. tal vez el paladar foráneo no está acostumbrado a ese sabor, o tal vez, cierto es, que al final dejaban un gustete que parecía de plastilina. Y se ven figatells de buena familia, de los que pillas al lado de Amparín, en Encarnín, pero mira…se quedaron tres en el plato.

Segundo revés con las pizzetas de titaina…eran tostas. Y no estaban mal, ojo, la mozzarella estaba fundida, la titaina en sí estaba okey, pero claro…te dicen pizzeta y tú, pues te imaginas otra cosa. Es como cuando pides cerveza y te ponen Cruzcampo, el emoticono de la boca torcida.

En este momento de la cena, ya habían fichado a otro camarero del filial para dar apoyo, así que vinieron a explicarnos los postres.

– Tenemos brownie, tarta de queso…
En ese momento mi ojete se contrae, me sudan las manos, mi tensión se dispara…¿Tendrán los cojonazos de decir “tarta de zanahoria”?
– Farinetes…
Ojete en relax.
Bueno, yo pedí yogur con frutos secos y mis amigos tiraron por lo tradicional. Yo he jurado no volver a pedir brownie porque creo que es darle audiencia al especial de nochevieja de Raphael.
Total, que estoy ahí terminandome el blanco no tempranillo, cuando llega el postre en un vaso de chato, y peim…pasas.
Es cierto que lleva pipas, y creo que trozos de almendra, pero ese yogur cabronazo va recubierto de pasas. Las pasas son lo que cagaría satán si fuera un conejo. Nadie en su sano juicio quiere pasas, hay gente que las puede tolerar, hay gente a la que le causan indiferencia, pero gente que diga “Nano, ponme más pasas, baja a Mercadona a por pasas que se están acabando” esa gente son unicornios, no existen. Brownie y tarta de queso caseros, pero 4-4-2.

Nada, que tras dejar el plato lleno de pasas escupidas, pedimos la cuenta y oye…86.30, a 12,50. extremadamente barato teniendo en cuenta la calidad del producto.

Creo que les falta un poquito de I+D en general, si no, lo único que les diferenciaría de cualquier bar random del Cabañal sería la decoración. No obstante, bueno…cocina casera, mucho pescado, precio asequible, terraza cachonda. Okey moderado, tampoco corráis en tromba.

Goza de amplio aparcamiento.

¿Qué dices, nano?