Belmondo

C/Císcar 56

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El otro día, un amigo y un fan de Maná me comentaron que de las cenizas de lo que era el Nonno en Cánovas había resurgido una interesante y sexy hamburguesería que iba a hacerme replantear todos mis conceptos de lo que es el universo. El sitio se llama Belmondo, y tienen un muñequito-mascota que es un señor con bombín y pinta de mayordomo inglés hecho al estilo Lina Vila.
Además de la carta, tienen unas sugerencias aparte que ya lo hacen más okey que otros lugares.
Empezamos los entrantes con unos daditos de camembert rebozados con una salsa de mostaza y miel, que estaban fuera de carta. Bien, justo lo que prometen, nada que objetar. Coges camembert y lo rebozas.
La tempura de berenjenas y cebolla con miel fue un poco a parte. Sabía como si la hubiera frito Danny Trejo en un bidón de gasolina oxidado en medio del desierto. ¿Sabéis cuando te compras churros en fallas y el aceite está ya para cambiar? Pues sabían así, con ese toque ácido y aceitoso. Muy aceitoso. Si Estados Unidos se entera de que tenemos tanto aceite en un solo plato, vendrán a traernos democracia. La tempura gruesa y crujiente, auténticamente canallas. No pedir. Caca.

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Las croquetas de boletus en cambio bastante okey, venían con una ajonesa con pimentón y bueno, bastante aceptables. Me declaro fan del creativo que, no contento con la veganesa y la sojanesa, decidió cruzar el límite y se lanzó a la ajonesa. ¿Para cuando una mostazesa? ¿Llegarán nuestros hijos a ver la currynesa?
Por si alguien había ido previamente al Nonno, conservan un par de platos de los que tenían en la carta, y tal vez os suenen. Uno de ellos el yakisoba, que son unos fideos rizados, absúrdamente largos, con verduras y un caldito en el fondo. Muy buenos, y si no te molan siempre puedes hacer barranquismo con ellos. Llevan calabacín y soja y tal.
Bueno, y llegan las hamburguesas. Vaya por delante que yo no soy un gran fan de las hamburgueserías gourmet, esto ya está hablado. Tengo la sensación de que por llevar…no sé…mango, todas rondan los diez pavos y muchas racanean con la materia.  En este caso por lo menos, la proporción carne-pan no era ofensiva, y me la clavé bastante a gusto. La parte de abajo del pan se deshacía un poco, logrando un pringue cerdo-gustoso que se goza mucho cuando comes con las manos.

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Yo me pedí una así medio standard con queso, lechuga, tomate y bacon. Tienen otra vegetariana, una un poco más asiática con pak-chow, y otra con el rudo nombre de CANYONERO. Sabían a carnaza fuerte, de las que irías a comer en tu tractor al sur de Texas. Las patatas, aparentemente caseras, vienen en un mini recipiente a un lado y son de las decentes. Un hurra por las patatas.
En cuanto a postre, un brownie y un tiramisú, que entran dentro del bingo de postres. Bastante acertados. Muy previsibles si me apuras. Al final un buen eructo y a jugar con una brizna de heno entre los dientes.

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108.80 pavetes entre 6..a 18,15€, con cervezas y vino y tal. Bien, podía haber sido peor.
Reconozco que no me he reconciliado con las hamburgueserías, pero digamos que esta es de las menos malas. Le concedo un okey neutral, que para ser una hamburguesería es un logro, como el selectivo para un tronista. Podéis ir en paz si os apetece carnaza.
Goza de amplio aparcamiento.

¿Qué dices, nano?