Bar Sueca

¿Sabéis cuál es el topicazo supremo para decir que un restaurante chino es bueno? Es que allí van los chinos a comer, yo lo he visto. Para todo valenciano de pro, hay algunos sitios ocultos, poco conocidos o con charm de los que alardear cuando viene gente de fuera. Los bocatas de La Pascuala, la tortilla del Alhambra, y cómo no, el chino supremo…el Bar Sueca.
Hace años el Bar Sueca era un bar (en la calle Sueca, of course) de los de palillos y serrín por el suelo, con su esencia ahí a tope. El caso es que imagino que una familia china fan de la cocina, pilló el traspaso y lo convirtió en “el chino donde comen los chinos”. Luego han habido otros, rollo El Frenazo, y también recuerdo el Mey Mey, que lleva ahí desde que el mundo es mundo, pero cuando consultas rankings de internet, el Bar Sueca siempre es referencia.
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Total, que nada, que llegamos, nos sientan y nos dan dos cartas, una de comida al vapor y otra de comida no vaporizada. La de comida sin vaporizar es, a grandes rasgos, la carta de un chino corriente (abundante, con combinaciones de los mismos elementos). Me refiero a que tiene sus rollitos de primavera, su arroz tres delicias y demás movidas clásicas. Decidimos innovar y pedimos varias cosas, pero empezamos con una sopa y una ensalada de wakame. Fallo mío. A pesar de ser fan reconocido del wakamismo, un sabor tan intenso, a palo seco durante todo el plato se hace bola. Un ratico sí, pero mucho cansa. También es cierto que pensaba que la ensalada llevaría algo más, ya sabes, llamar ensalada de lechuga a un plato que solo tiene lechuga cortada es como osado, pero se ve que esa no es una norma aplicable al wakame. Pues nada, eso, un plato de algas de esas que saben como a ahumado fuerte, además se quedan mucho entre los dientes. La sopa era de wantón, y la gracia es que tenía como saquitos de pasta con carne flotando etéreamente dentro. El caldo en si, bastante insulso. También tenía unas algas que le daban un puntito de mar, que no me terminaba de casar con la carne. Otro dato interesante es que lo calientan pa’ siempre, casi al final de la cena aún quemaba. No es un plato que vaya a repetir. Por fortuna remontamos momentáneamente con el pato, que estaba del rollo. Pedimos un pato con bambú y seta china que estaba perfectamente cocinado. El pato en su punto, la salsa espesita, el glutamato de la mejor calidad, todo muy okey. Las setas, obviamente eran shitake, y también llevaba unos ajetes tienrnos troceados por encima. ¿El bambú realmente sabe a algo? ¿Alguien ha probado algo, alguna vez, y ha dicho “coño, cómo sabe esto a bambú?”. Es que no le pillo el punto.
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Pero bueno ¿Qué es lo que me hace volver a este chinorri? El maldito pollo con guindilla. Ese plato es un golden okey como la cúpula del Vaticano. No sé cómo lo hacen, no sé que secreto tiene, pero desayunaría, comería y cenaría pollo de ese hasta que mi aorta pareciera la calle Colón en navidad. La presentación asusta la primera vez que la ves, pero calma. Traen el plato con miles de guindillas gigantescas por encima, y tú piensas…hostias, se me ha ido de las manos. Aquí estamos acostumbrados a las cayenas, de esas que se ponen en las gulas o en el all i pebre y que una pequeñita ya pica. Las que vienen con el pollo no sé de qué tipo son, pero no pican nada ni mordiéndolas, y además están secas. El pollo en si está troceadito y rebozado (que no aceitoso), y el picor es muy save y muy agradable, de esos que un enólogo calificaría de “sutil con matices afrutados en nariz”. Tiene los mismos ajetes que el pato, cacahuetes y unas bolas negras por el fondo que deben aportar algún tipo de sabor global, pero que si te comes una directamente saben a jabón con ambientador de coche. Hay que pedir ese pollo.
Luego pedimos un megamix de dimsumes, que son las mierdecitas esas hechas al vapor, y que te sirven en la misma vaporera. Nada destacable, posiblemente congelados. Había uno con arroz, uno con gamba, otro con un megamix de cerdo y gamba…no estaban particularmente buenos. El tema de estos rellenos es que cuando mezclan tantas cosas y las hacen una pasta, entre que no les pillo el sabor y que no me fio…
Nano, ¿esto qué lleva? ¿gamba? Pues yo quiero ver la puta gamba ahí, no me des una masa entre blanca y rosa, compacta, que igual me estás poniendo trozos de la mopa de fregar.
Bueno. Otro dato especial de la noche, fue que al pedir el postre, el camarero me dice que solo tienen helado.
-¿Alguno en especial?
– No. Solo helado.
Y yo aún pensaba que sería algo casero, en plan…yo que sé…el helado de cardamomo y pistacho del Shish Mahal, y va el notas y me trae la carta de helados Nestlé del chiringuito de cuando tenía seis años, a ver si me pedía un Pirulo tropical. Fulaco de postres.
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En fin, sentimientos encontrados. La verdad es que recordaba este chino mucho más mejor, aunque reconozco que posiblemente pedimos mal. Tal vez si pasas del wakame y el dim sum, y pides arroz y algún plato más de cocina, salgas más contento de lo que salí yo. El caso es que tiene detalles que sí lo convierten en un restaurante un poco mejor que la media de los “Dragón feliz” “Muralla dorada” o “Dragón dorado en la muralla feliz” que hay por todos los barrios. Está bien, pero tampoco te cruces Valencia.
43,40€ entre 4, a 14 y pico, no llega a 15.
Goza de amplio aparcamiento.

¿Qué dices, nano?