Apotheke

Canelita fina lo que os traigo hoy. Hace un par de semanas, la embajadora de Alcoi en el mundo me habló de un sitio por Cánovas que estaba ambientado como un bar de copas clandestino de la época de la ley seca. “Es de copas pero creo que también dan de cenar”, me dijo. Así que investigué un poco por internet y me planté allí anoche. El local en cuestión está en Ciscar 18, quedaos con este dato porque si no, es posible que ni lo encontréis. Tan clandestino es, que no tiene cartel en la puerta, solo el logo proyectado con luz sobre el suelo cuando alguien pasa por delante. ¿Y cómo me lo monto para entrar? No hay ni timbre ni hostias, así que cojo la aldaba de la puerta y le meto un par de golpes. A los pocos segundos se abre una mirilla en la puerta y unos ojos me preguntan por la contraseña. Teníais mi curiosidad, pero ahora tenéis mi atención.

-Contraseña

-Eeh..no la tengo.

-Pues muy mal. ¿Es la primera vez que venís?

Tras una breve negociación, el tipo de la puerta se apiada de nosotros, nos ve hambrientos, y con la promesa de que la próxima vez sabremos la contraseña, nos deja pasar.

El sitio directamente me voló la cabeza. Todo está cuidado hasta el último puto detalle. Paredes de piedra, tubos de ventilación por el techo, cortinas  de terciopelo, y la constante sensación de que realmente estás en la trastienda o el sótano de algún bar del Chicago de los años 20. El chico de la puerta (italiano, Luca, con perillita) nos explica que las contraseñas llegan por mail, que los fines de semana hay música en directo, y que los cócteles están de que te cagas porque los hace él. Nos sienta en una mesa (antigua) y nos deja unas cartas (antiguas, hechas de puta madre) en las que veo un par de menús y platos sueltos, no muchos pero graciosos. Paso un culo de las esferas de queso de cabra y sardina con aire de Bloody Mary, y llego hasta las vieiras con panceta ibérica. Pedimos tres entrantes y dos principales.

La camarera es muy bonica, pero tiene la irritante costumbre de llamarnos de usted, en lugar de “nanos”, “máquinas” o “tetes”. Pero venga, como nos han dejado pasar sin contraseña, no lo tendré en cuenta.  Empezamos con el cono vietnamita de falso sashimi de salmón con frutos rojos. Es un plato rarete, realmente es como una lámina hiperfina de pasta, que envuelve unas hojas de lechuga con salmón ahumado. Los frutos rojos van en salsita, y por encima lleva cebolla frita de esta industrial.

A todo esto, no paraban de sonar Frank Sinatra, Louis Armstrong, Nat King Cole y movidas crooner muy guapas, que junto a la ambientación, me ponían bastante palott. Llegan las vieiras con panceta, romescu y salsa de albahaca. la ración son tres. Cada vieira va envuelta con un cinturón de pancetita, y con una gotita de (parece espuma) romescu al lado. Son dos bocaditos pero están muy bien. Y para rematar entrantes, el gofre de huevo con setas de temporada, que me dejó bastante loco. No sé por qué, me esperaba un gofre de patata, pero al primer bocado…coño, era gofre de verdad, del dulce. El huevo venía boliforme por encima parecía un helado, y las setas, salteaditas a parte. No fue el plato que más me gustó porque me supo demasiado dulce, pero ya no es el clásico 4-4-2 de bravas, tartar, brownie y su puta vieja que tienen en todas partes.

De principales pedimos cochinillo y tataki de atún. Ambos estaban jodidamente bien. El cochinillo Tenía la piel crujiente (aunque le faltaba tal vez un punnnnntito de sal) y un puré por debajo. Creo que en la carta pone que es de tupinambó, pero ye nano, patata. Realmente rico. El atún iba sobre un pisto de papaya y con gotitas de distintas salsas, una de ellas chutney de mango. Cocción perfecta.

En este punto de mi vida yo ya sabía que este lugar tenía un tope de okey como el injerto de Simeone. Aún así decidimos rematar con un postre, y nos pedimos la Charlotte de chocolate con curry. No os asustéis, todos comeréis pesto. El curry no se nota, es solo un cierto saborcillo étnico de fondo que hace que el postre sea distinto. Por cierto, es un tipo de mousse muy ligera.

Pues tío, salimos a 53,90 pavos, 18 cada uno, y salí muy contento. Mola lo variado que es el mundo de la gastronomía valenciana. Mientras cenaba, unos colegas me mandaron un mensaje diciendo que estaban en el Aladroc, el de la semana pasada, que también tiene tope de okey pero que no puede tener menos que ver con este. Este lo tiene por original, por buena comida, y sobre todo por el par de pelotas de Lehendakari sin escolta que hay que tener para abrir un local sin cartel, que no se ve, y justo entre dos locales que se ven de la hostia. Yo veo ganas de hacer algo distinto y de molar mucho.

Os lo recomiendo a topor. Tratad de averiguar la contraseña o igual no pasáis.

Tope de okey.

Goza de amplio aparcamiento.

¿Qué dices, nano?