Anyora

Nanos, ayer descubrí mandanguita de la buena. Veníamos andandito por el Cabañal, y pasamos por delante de un sitio que me habían recomendado unos colegas. ¿Conocéis la bodega Anyora? Pues ya tardáis.
El dueño de la Tonyina ha apostado por que el Cabañal empiece a molar más y se ha montado un local en una perpendicular a Serrería, cerca de la Paca. Lo de que el Cabañal va a molar mucho empieza a ser un poco frase de cuñado ¿no? lo llevo oyendo bastante. Igual esta vez se cumple, porque entre Mar d’ amura, la Taska Lareina, La fábrica de hielo, El otro lado…la verdad es que está habiendo un despunte.

A lo que voy, que me liáis. La pinta es claramente de bodega antigua, pero la carta ya te dice que ahí pasa algo. Crestas de gallo, huevos de gallinas felices, platos entre la casquería más cascada y la modernor más moderna. Al entrar notas que es uno de esos sitios que han mantenido parte de la decoración original. Por fuera temes que el señor Matías esté echando la partida de Truc, pero al entrar ves neones y mierdas ruzaferas. A nosotros nos llevaron a la sala del final, desde la que se ve la cocina. Está como debajo de una especie de altillo. De momento mola.

Bueno, hay un pero. Los vinos son caros, caros de doler. El más barato de la carta vale 15 y es un rosado. A partir de ahí navegamos entre los 20 y los 30 para los tintos hasta llegar al top que es uno de 45. No digo que esté mal, no voy a cambiar el mundo yo ahora, pero mola tener una oferta más…digamos entre los 12 y los 18 para la gente menos entendida. Yo creo que el sitio además te pide un vino blanco turbio, cosechero…no sé, es una opinión.
Ah, y por cierto, el vaso de vermut vale dos pavos y medio y es irrisorio. Es casero, y bastante fuertecito de sabor. He añadido foto junto a una mano humana para que apreciéis cantidad. Aún no había bebido nadie, el vaso vino así, ni siquiera cubría el hielo. Lo de Cataluña es canalla, pero esto es criminal. Además no tienen botellas de agua grandes, como vayáis más de dos hay que llevarse cantimplora.

Venga, empezamos con dos clásicos de cena en grupo, la ensaladilla y las bravas. ¿Qué tienen de especial? La ensaladilla viene con caballa picante y la mayonesa de las bravas es de perejil. La ensaladilla está de que te cagas, pero la caballa no pica ni un poquito. En cuanto a las bravas, sí que pican un poco más. La salsa es casera, de hecho las dos salsas que lleva son caseras, una de tomate que es la que tiene el rocanrol y la mayonesa que ya os he comentado. Fritura bien, patata buena, no aceitosa. Compro.

Por cierto, también hemos hablado de los nombres guays de algunos platos. Hay uno que se llama “tortilla vaga con moriclla y boletus”. Tiene su aquel, porque la tortilla vaga es como un medio camino entre la tortilla y el revuelto y está un poco cruda y tal. Es una tortilla de domingo por la tarde de resaca, hecha en pijama. El boletus es boletus, no tiene más, pero la morcilla está muy okey. Es una morcilla gruesa que se deshace, y está pasadita por la plancha. Mola aplastarla y mezclarla con todo hasta que se hace una amalgama letal de sabor y colesterol.

La cosa va bene, pensaba que se mantendría como una nueva versión de tasca moderna sin más, pero entonces mi mundo dio un vuelco con el morro con anguila ahumada. Sé lo que pensáis, lo puedo oír desde aquí. “No me gusta la anguila, no me gusta el morro, no pueden gustarme juntas, es imposible, quiero a mi mamá”. Me da igual. Anoche éramos ocho personas, de esas ocho, seis no querían probar el plato. El colega que me recomendó el sitio me dijo “no te pierdas la puta anguila”, y la camarera nos advirtió de que era un hit, demasiadas recomendaciones como para ignorarlo. Creo que el tema está en que nos lo imaginamos como suelen presentarlo por separado, es decir, el morro en taquitos refritos y duros con mucha sal, y la anguila como ese bicho viscoso y mierder que viscosea en un bidón, y claro así no casan. Pero nada más lejos que La Coruña, amiguis. Imaginaos esto, el morro sabe completamente a bacon ahumado, y estamos hablando de trozos juntos, sellados a la plancha de tal manera que parecen un trozo grande. La anguila va por encima en lomos, y tiene tanto el aspecto como el sabor de una sardina ahumada. Lleva unos brotes por encima, y una vinagreta de frutos secos que aportan crujientor al blandor del morro. Al final TODA la puta mesa reconoció que le encantaba, y que sube directo al podium de los golden okey. ¿Cómo te quedas? Pues eso. No te vayas sin probarla, o serás muy loser. De hecho me estoy acordando ahora y…¿esto es una erección?

Y bueno, luego vinieron más cosas pero ya fueron como el Padrino 3 o el Terminator ese en el que salía la Khaleesi. Unos pinchos morunos con pimientos de padrón. Hablamos de 4 trozos de carne por 3 pimientos, todo intercalado. Una camita de puré de patata por bajo, y la carne era presa ibérica. Supongo que la habrían macerado con pimentón y comino y esas movidas. También pedimos pollo al ajillo, y lo sirven en forma de timbal. Pollo deshuesado, hecho de manera tradicional, pero presentado funkymente. Lleva el mismo puré de los pinchos por debajo, y tres patatas fritas testimoniales por los lados. Todo cubierto de una sucable salsa de ajillo, que sin duda hará que suban las acciones de Smint.

Creo recordar que tenían cuatro o cinco postres. Nosotros pedimos el nosequé de chocolate con rocas de regaliz, creo que era una mousse. Las rocas de regaliz no son rocas y de hecho no saben demasiado a regaliz, pero sí que tienen su punto. También está increíblemente bueno. Además viene en un plato amarillo estilo Duralex de los de abuela. Esos detalles me molan. 

Salimos a 128 y pico entre 8, a poco más de 16 pavetes por cabeza, aunque alguno se quedó con un poco de hambre. Pedimos dos de cada, como si fuéramos dos mesas idénticas de cuatro. 

Tope de okey como una puta catedral para este sitio, por comida, originalidad y ambiente. Eso sí, el paconsejo de hoy es que no pidáis vino a no ser que tengáis el número de Cofidis o Creditea en marcación rápida. Hay que ir a lo seguro, a amarrar, como el batería de AC/DC.
Goza de amplio aparcamiento.

¿Qué dices, nano?