Anita Giro

Anita Giro. Podría pasar por el nombre de una autoescuela cuqui, o por una llave de judo de las que luxan cosas, pero no. Es un restaurante que está por el Carmen, cerca del Radio City. No es un sitio muy de autor, es cocina más cercana a la de bar de toda la vida, croquetas, bravas, ya tu sabe…pero con su toquesito.
Entramos, el ambiente es bastante agradable, distendido, me recuerda al de la Rentaora o sitios de ese estilo. En la carta pone que es “restaurante y punto de partida”. Si cenas en ese punto del Carmen es bastante obvio que luego vas a liarte como Massiel en una comunión, así que mejor que cenes fuerte, y aquí pueden ayudarte. Empezamos con los básicos que os he comentado, las bravas y las croquetas, unas de boletus y otras de cocido. Para no abusar de la fritanguez, una ensalada de jamón de pato con fresas, meramente para la conciencia.

Las croquetas eran unas de cocido y otras de boletus. Rebozado grueso, bastante okey en general. Persistentes en boca, atrevidos matices de pollo en nariz. A mí me molaron más las de cocido, de todas formas, pues bueno, unas croquetas. Tampoco avisemos al National Geographic. Unas iban sobre sojanesa de pimentón y las otras sobre sojanesa de curry. Recordemos que las sojanesas son mayonesas de soja que han crecido libres en el campo, jugando con otras sojanesas. 

Bueno, las bravas son caseras, y la salsa de tomate es caseramente picante. Lo de arriba no termina de parecer ajoaceite (¿será sojaceite?), y las patatas estaban fritas con un dorado tipo pelaje de Golden Retriever feliz. Alegría especial de encontrar unas bravas que piquen un poquito, y con una salsa que se ha preparado en sartén, y no con un puto chorretón de esa basura granate que venden en mercadona. A ver cuando coño rodeamos el congreso pidiendo salsas de brava decentes. 

Mi plato menos favorito fue la ensalada con jamón de pato. Parto de la base de que el jamón de pato me parece una sobrada por parte del pato, dándoselas de cerdo.  Tiene un sabor como muy…no sé…¿a cecina? Sabe como algo seco que hubiera roido Leonardo Dicaprio en el renacido, a algo añejo que llevas en tu zurrón cuando vas a buscar oro. No me mola. La vinagreta estaba buena, y luego llevaba unos trigueros por encima, tomates cherry y fresas.

Las dolmades en cambio, bastante conseguidas y en ración abundante. Son esas hojas de parra ruliformes que envuelven arroz. Hay quien les pone carne, hay quien les pone limón, y hay quien las moja en tzatziki. No conozco a mucha gente que sea fan de estas movidas, pero yo me las comería como si fueran pipas. Las del Kuzina y el Thalassos están okey, pero estas, sin ser de griego, podrían hacerles match en el Tinder tranquilamente.

Entonces llegan las alitas de pollo. Van fritas y con una pintadita de mostaza antigua. Queman de la hostia, pero yo soy de esos que desafían el ardor, comen y empiezan a poner caras raras intentando absorber aire mientras mastican. Así que mientras me quemo y unto mostaza, os digo que son unas alitas fritas estándar. Not life changing. 

Las costillas son muy grasas, pero a mí me molaron. Es decir…un poco se sobreentiende, es como quejarse de que la panceta es grasa. Es que es puta grasa, nano. Hablamos de unos pedazo de fistro de costillas gigantes sobre puré de boniato, y con unos chips por encima, creo que de yuca o de boniato también. ¿Oyes eso? Es tu aorta embozándose solo de imaginarlo. El caso es que la carne está obviamente muy sabrosa y muy jugosa. Ración abundante también, pulgar arriba.

De postre pedimos un coulant de chocolate y una torrija de horchata. Notad, como la torrija de horchata va comiéndose a la tarta de zanahoria, igual que la ensaladilla rusa se comió a las bravas.

De los dos, ganaba el coulant, porque si bien la torrija estabá mas buena, los bordes estaban secos. Llevaba un glaseado por encima que elevaba el azúcar over 9000, y una bola de helado creo que de turrón. El coulant en perfecto estado de centro derretido. Aún así sabores clásicos. 

134 pavetes entre 7, porque esta vez vinieron Aarón y Dulce, que desde que ha sido mamá nos recorta siempre, la cabrona. Salimos a poco más de 19€, contando cafés y creo que dos botellas de vino. No recuerdo la marca, nos los recomendó la camarera, muy maja por cierto. Resumiéndolo todo, una cena correcta estilo entre bar y restaurante, con un precio guay teniendo en cuenta que pedimos dos de todo y comimos como jabalíes. Creo que hay que darle un okey moderado a este lugar. 

Goza de amplio aparcamiento.

¿Qué dices, nano?