A la contra

Empecemos por el principio. Es agosto, yo voy a recoger a un colega que sale de trabajar un mediodía, y los dos tenemos ansia viva de terraza y arroz. Como son las tres y ya tenemos más hambre que un perro pequeño, decidimos ir a un sitio que nos pilla cerca, el Contracorriente (Calle Bélgica). Bueno, pues Contracorriente se ha trasladado con su tope de okey a la Gran Vía, y en su lugar hay otro sitio del mismo dueño que se llama A la contra y que hace de hermano pequeño. Mismo estilo pero con tostas y hamburguesas.
El caso es que probamos el menú de mediodía y nos comimos un arroz caldoso de pato buenísimo, en serio, de llorar, uno de los mejores arroces que me he comido en mi vida. Claro, ante semejante perspectiva, juré volver pasado el verano para ver como se cena de noche, si mantienen el okey, si innovan, esas cosas.
Pues nada, estuve anoche y no fue la maravillosidad que esperaba. La decoración es la misma, tiene un rollo First Dates. Parece que en cualquier momento Carlos Sobera va a salir para presentarte a una divorciada y servirte un vino, pero al final ni aparece ni nada. La carta es de las de folio y pinza arriba, y claro, como es el hermano pequeño han recortado platos.


Pedimos un ceviche de pulpo, unos mini kebabs, una sartén de provolone y un curry de pollo. Mientras esperamos permitidme un inciso. Este no es un blog musical, no voy a abrir melones ahora, pero sonaron Dani Martín, Melendi, Pablo López, Manu Carrasco, Maldita Nerea y demás musicazos en tirereta que harían las delicias de tu carpeta del insti. Si opináis que esa playlist es una puta catapulta de estiercol, es cosa vuestra que sois unos tiquismiquis. Yo he venido a hablar de comida.
El ceviche de pulpo llevaba cebolla roja, mango y cítricos. La presentación es colorida, sin duda, pero hubiera preferido el pulpo un puntito más tierno, y tal vez más abundante. La fruta y los cítricos hacen una salsita espesa, naranja y dulce, pero pegué un par de cucharadas que solo llevaban cebolla, hay que meterle más tema ahí.
La sartén de provolone llevaba dos tomates secos y dos lonchas de jamón de pato. No está mal porque tocamos a la nutritiva cantidad de dos tercios de loncha por persona. También lleva un huevate encima. Es obviamente un plato de régimen. Invita al suque de pan, creo que en mi primera visita tenían algo igual o parecido.


Paradójicamente, los mini kebabs fueron el plato menos mini. Realmente es un rulo de kebab en pan de pita fino, como los del Kaña makan, partido en 4, con salsa tzatziki por encima. Bien de pepino. La carne de dentro es cordero. Imagino que luego lo planchan o le dan un toque de horno, porque el exterior queda crujiente. Bastante especiado y chorreante.
Luego trajeron el curry de pollo. Abundante arroz blanco de base, y el pollo con la salsa por encima. El plato es como muy aromático, pero le falta potencia de sabor. El pollo está cortado en trocitos y tienes que pegarle un buen remezcle antes de comer para que todo se impregne.

El postre fue un coulant, o volcán, o como quieras llamarlo. Nos avisaron de que tardaría 10 minutos en hacerse, buena señal. Efectivamente, el centro chorreaba…como el del Matiz (entrada anterior). Empiezo a estar un poco hasta la polla de la falta de imaginación en los postres, de verdad. Parece que los brownies están cayendo ya de pura saturación, pero nanos, va, hagamos algo con los coulants, los tiramisús y las tartas de queso. Los postres son parte de la carta, y que en todas partes tengan los mismos cuatro o cinco sería como si en todas partes tuvieran bravas, hummus y tartar de atún. Oh…wait…

En fin, el vinate estaba rico, se llamaba “El chaval”. salimos a 56,30€, lo que significa a unos 19 pavos. Bueno, yo te digo lo que pienso y luego ya tu haces lo que te parezca. A mí me molaba más antes, claro, que el otro sigue existiendo y está en otro sitio. La cocina bien, pero sin locuras, el precio, funcional, pero no sé, no me tocó la patata como el otro. Mola que exista, porque es un sitio de nivel y el local y la terraza son muy chulos. Además, tengo fe en ese puto arroz de pato, así que creo que merecen un okey moderado, uno de los que están bien, de los que cuando te llama tu colega y no sabe donde cenar por la zona le dices…bueno…si la Oveja Negra está cerrada pásate por ahí que lo hacen guay.

Goza de amplio aparcamiento.

¿Qué dices, nano?