Thistinto

Eran tiempos difíciles para cenar en el Carmen. Empezaba a hacer calorcete y las terrazas estaban a parir, además los asaltadores del menú que acechan como buitres en las puertas de los restaurantes parecían más insistentes que nunca. Era un puto domingo, y mis compinches y yo vagábamos cual perretes en busca de un hueso, solo que ese hueso debía ser un local desconocido donde se cenara por menos de 20 pavos por persona.

Bueno, resulta que en la Calle Alta había hace años un local que se llamaba “La Mari y sus tacones”, que cerró y se convirtió en un italiano llamado Carbonara o algo así.  Ahora ese lugar es otro medio italiano llamado Thistinto. Igual que en los anteriores, el comedor está en un piso superior, y si eres minusválido tienes que acceder en catapulta, porque no está adecuado.

La carta por ahora es corta pero interesante, y nos ofrecieron cositas aparte.  Empezamos con un par de huevos Benedict con crema de patata trufada. Tras indagar en Google qué cojones son los huevos Benedict, descubro que son huevos escalfados, con salsa holandesa, panceta y comunmente sobre una tostada o muffin. Me parece una salvajada calórica, pero no sé si llevaba todo eso, o al menos yo no se lo identifiqué. Sí que llevaba virutitas de jamón tostado por encima, y un puré de patata trufado que no sabía a trufa. También un par de galletitas de parmesano bastante graciosas que sí sabían a parmesano. Huevete con puré, siempre efectivo.

Después pedimos el tartar de salmón. No fue mi rollo. El salmón parecía ahumado, en lugar de crudo, el aguacate estaba hecho una crema rollo guacamole en el fondo, y en la parte superior había un queso crema cubierto de brotes de algo. Todo ello venía presentado en un molde con forma de ojete (a lo mejor era un círculo normal, pero vamos…ojetón colisionador de hadrones). Me pareció un poco demasiado salado y demasiado cremoso, no es algo que pediría de nuevo.

Round tres, las bravas Thistinto. Hablamos de gajos largos de patata y boniato conviviendo en armonía. Llevan un ajoaceite de mandarina, y una salsita de tomate que pica graciosamente. El rollo de meter boniato en las bravas es guay, ya lo he visto en un par de sitios, pero todavía mola. Las salsas de verdad que le dan un punto, y el precio es asequible, no como el otro día que voy a un sitio en la Patacona y me veo en la carta las bravas a 9 y la ensaladilla rusa a 10. Un pedazo de rabo pago yo 10 pavos por una ensaladilla, y eso que no sé de qué va, igual lleva bogavante, pero es una cuestión de principios. Las mil y una se llamaba el sitio, lo digo por si acaso tal.

Centrémonos. Ravioli de boletus en salsa de espárragos y parmesano. A priori, aunque solamente nombrando este plato podríamos lograr que un vegetariano salivara, yo creo que le faltaba un puntito de algo. Cumple lo que promete, eso es cierto, y la pasta es fresca. Seguramente es culpa nuestra, porque los boletus y los espárragos tampoco suelen ser un torrente de sabor. Viene con unos chips de puerro y unas cabezas de esparraguete verde por encima. Bien, pero yo creo que pediré otra cosa la próxima vez.

De postre pedimos una tarta de zanahoria bastante rica y melindrosona, pero también común, con nata de spray por el lado.

¿Queréis una valoración? Yo creo que este sitio va a estar mejor de lo que está. Creo que están arrancando pero el tipo de comida es prometedor, y los precios son muy asequibles. Salimos a 54,20 entre 4, a 13,5 euros con botella de vino y todo. Es cierto que no nos volvimos locos a pedir, pero aun así salió muy bien.

Creo que es un okey particular, con vistas a mejorar en algún momento del espacio-tiempo. Tienen un duro competidor teniendo el IO al lado, pero chico, pobadlo a ver.

Goza de amplio aparcamiento.

¿Qué dices, nano?